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La leyenda del Fameliar

Por Helena Sánchez
1 Aug 2018 8 Share
Cuenta la leyenda que dentro de una botella negra, bien tapada, vivía un ser de pequeño tamaño con aspecto humano, calvo, con la cabeza desproporcionadamente grande y las extremidades pequeñas. La botella permanecía guardada en casa y solo se destapaba cuando sus dueños tenían que hacer algún trabajo extraordinario para el que se requería una presteza imposible para los humanos. Se cree que las paredes de los márgenes de los montes de Eivissa son obra de este ser, así como la construcción de una casa en Sant Antoni. El ser que habitaba en la botella, llamado Fameliar, terminaba la tarea encomendada en una sola noche o era capaz de segar una hacienda en una sola jornada. Una vez una mujer le mandó que lavara lana negra hasta volverla blanca, tareas imposibles para tratar de saciarle. Se cree y dice que era muy nervioso, que enseguida se anunciaba y pedía trabajo o comida. Su comida favorita era el pan con queso y se le dejaba en la puerta del aljibe o cisterna, o en un agujero en la pared. 

Para volver a entrar en la botella era suficiente atraerle con una ramita de olivo bendecida y una oración muy rara que ya nadie recuerda.

Para conseguir un Fameliar había que dirigirse casi a medianoche hasta bajo el puente viejo de Santa Eulària. Allí, solo esa noche, nacía una flor, la cual había que recoger e introducir en la botella negra.

Prueba de que el Fameliar existía es que durante la Inquisición se actuó contra algunas personas alegando que guardaban Fameliars en casa, como fue el caso de Bartolomeu Fluixà, vecino de Sant Lorenç, en el s. XVIII.
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