Ibiza prosperó bajo el califato musulmán
Con fama de hombre despiadado, su reino se recuerda como cruel y exigente, especialmente referente al ámbito económico, que había sido tan favorable durante el califato. Domésticamente, Mugettus restringió el libre comercio, creó monopolios estatales e implantó una política fiscal tan opresiva que casi equivalía a la extorsión. En cuanto a su política exterior, estableció la piratería como su principal forma de “diplomacia”, usando hábilmente las Baleares como bases de lanzamiento para sus asaltos contra los circuitos marítimos de los cristianos, que empezaban a florecer en el norte del Mediterráneo.
Mugettus murió en 1045, hecho que permitió un breve periodo de tolerancia renovada. El nuevo rey, su hijo Ali, resultó ser tan clemente y benévolo como su padre había sido fiero y autócrata. De hecho, fue el mismo rey Ali quien llamó a Al-Sabbini, el famoso bardo Ibicenco para que fuera poeta laureado de su corte en Denia. Por desgracia, Ali murió joven, traicionado por su suegro venal, que usurpó la Denia peninsular, pero no tomó el paso siguiente de capturar a las islas.
Los cristianos, por su parte, tenían a los musulmanes baleares como oportunistas que quebrantaban el buen funcionamiento del comercio marítimo. Sobre todo las vías marítimas que vinculaban las ciudades ascendientes de Barcelona, Génova, Marsella y Pisa, que fueron regularmente saboteadas por la piratería balear. Encrespados por estos asaltos, los pisanos decidieron tomar acción y convencieron a Barcelona que se uniera a la causa. La expedición conjunta, conocida apropiadamente como la cruzada pisano-catalana, fue aprobada en 1113 por el Papa Pascal II y contaba con la ayuda adicional de Italia, Provenza, Cerdeña y Córcega.
Cruzadas cristianas contra los musulmanes en Ibiza
La campaña se emprendió en dos etapas. En la primera, llegó al puerto de Ibiza una expedición de reconocimiento para evaluar la situación. De inmediato quedó claro que las murallas ibicencas no se podían atravesar sin un esfuerzo bélico importante. Hecha esta observación, los invasores se limitaron a saquear el campo y volvieron para casa, pillando aleatoriamente en Mallorca y Menorca de paso. La segunda etapa ya iba en serio, impulsada tanto por el deseo de erradicar la piratería balear como de liberar a los numerosos presos cristianos de sus mazmorras.
De nuevo, Ibiza fue el primer objetivo y en junio del 1114 una armada de 500 barcos convergió en su puerto. Tras un asedio de siete semanas, la ciudadela se rindió – pero no sin una amarga lucha. El wali de Ibiza, Abu al-Mundir, un antiguo cristiano convertido al Islam, dio su vida defendiendo la ciudad en fiero combate mano a mano.
Los cruzados no perdieron tiempo en liberar a los cautivos cristianos y demoler las fortificaciones de la ciudad. Hecho esto, partieron para Mallorca, su objetivo principal. El cerco de Palma duró ocho meses y finalmente forzó la capitulación de los defensores musulmanes. Tras liberar a los cautivos cristianos, arrasar la isla entera y esclavizar a la totalidad de su población, los cruzados simplemente se retiraron… cosa que dejó a las islas nuevamente en un estado temporal de no-gobernanza.
Esta situación dejó la puerta abierta para los almorávides, un clan ascendiente de bereberes que ya gobernaban en Al-Ándalus. En 1116, los almorávides armaron una flota, se dirigieron al puerto desolado de Palma y emprendieron la labor de reconstrucción. Ibiza también permaneció bajo el dominio almorávide hasta 1188 cuando fue capturada sin resistencia por los almohades, otra potencia bereber recién surgida. Esta olvidable fase de estadidad sería el último eslabón del dominio musulmán en Ibiza, que en su totalidad duró 333 años.
Finalmente, Jaime tomó la decisión de delegar la campaña de Ibiza a Guillem de Montgrí, un señor feudal de su confianza. Montgrí era un noble rico con importantes recursos de hombres y barcos a su disposición. No obstante, calculaba que tendría que duplicar sus fuerzas para tomar Ibiza. Su solución era proponer una iniciativa conjunta a otros dos caballeros, Pedro de Portugal y Nuño Sanz, ambos paladines de linajes reales. Acordaron un pacto y el día 8 de agosto de 1235 sus flotas unidas entraron en el puerto de Ibiza. La victoria fue rápida y marcó el comienzo de un capítulo completamente nuevo en la historia de Ibiza. Aunque podría haber parecido simplemente otra incursión medieval no destinada a durar – dadas las frecuentes rotaciones de poder que Ibiza solía experimentar – la Conquista Catalana implantó una cultura que ha perdurado hasta hoy. Casi ocho siglos después el catalán sigue siendo el idioma oficial de la isla y su cultura comparte lazos profundos con Cataluña, lazos que penetran hasta el nivel genético ya que el ADN de los Ibicencos nativos muestra un genoma exclusivamente catalán.
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