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Casi único en el mundo: Un monumento a los corsarios en Ibiza

Por Helena Sánchez
1 Sep 2018 11 Share
En Eivissa existe una rareza: un monumento a los corsarios. No hay otro en el mundo, excepto el que construyeron los británicos en honor a Francis Drake, el que había sido corsario, explorador, comerciante de esclavos, político y vicealmirante inglés. Además fue el segundo en dar la vuelta al mundo navegando en una sola expedición (después de Elcano) y fue considerado en su época (siglo XVI) un pirata para los españoles y un héroe para los ingleses, época en la que ambos países estaban enfrentados por el control del comercio con las Indias. 

Pero volviendo a Eivissa, en 1915 se inauguró un obelisco en homenaje del pueblo ibicenco a sus corsarios, quienes tantas veces se jugaron la vida para proteger a la población. La primera piedra se colocó, sin embargo, en 1906 (nueve años antes), cuando se cumplían 100 años de la victoria de la goleta pitiusa San Antonio y Santa Isabela, comandada por Antoni Riquer, sobre el buque con bandera gibraltareña Felicity, cuyo capitán era un famoso corsario italiano, apodado "il Papa", que entonces navegaba con patente de corso británica y superaba ampliamente en hombres y armas a los fieros marineros ibicencos. 



Cabe destacar que la diferencia entre piratas y corsarios es que estos últimos adquirían condición militar en virtud de un permiso concedido por un gobierno para poder sabotear, secuestrar y saquear el tráfico marítimo de las naciones enemigas mediante una patente de corso, a saber, un contrato por un tiempo determinado. Es decir: la actividad de un pirata era ilegal y la del corsario legal. 

Antoni Riquer nació en Eivissa en el n° 40 de la calle del Mar en 1773, y murió en su casa de la calle Mare de Déu en 1846. Provenía de una familia de marineros y corsarios: lo eran su padre y su hermano, al igual que él mismo, quien se hizo famoso por la captura de la nave Felicity. Con 24 años ya iba embarcado. A los 26, mientras hacía un viaje oficial transportando cebada de Ibiza a Barcelona, fue tomado por una fragata inglesa, siendo liberado junto a otros marineros, incluido su padre, pocos días después. A los 33 años ya se dedicaba a la actividad corsaria. 

Su gran hazaña comenzó cuando un día al amanecer se vio cerca de Formentera al bergantín inglés Felicity, que después pasó cerca del puerto de Ibiza con rumbo a Tagomago. Entonces, Antoni Riquer, que se encontraba en tierra. puso su barco a punto, embarcó a su tripulación y salió en persecución de la nave inglesa después de oír misa. A pesar de la clara desventaja del jabeque ibicenco, consiguió dar alcance al barco inglés y comenzó el abordaje arrojando botellas de fuego con una mecha encendida que, al impactar en la cubierta enemiga llena de pólvora, creaba un incendio y obligaba a los tripulantes a tratar de apagarlo en lugar de atacar. 

El Felicity se rindió pero hubo muchas bajas por parte de los dos bandos. Incluso murió en la contienda el padre de Antoni. 

En los andenes del puerto de Ibiza, obra del arquitecto catalán Augusto Font, está el monumento a los corsarios.
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