La música es una parte importante de nuestra vida diaria. Desde escuchar nuestra canción favorita de camino al trabajo hasta cantar canciones navideñas con amigos y familiares, la música puede levantar el ánimo y tranquilizar el alma. Por eso, no es de extrañar que se haya utilizado durante décadas para controlar el dolor y ayudar a los pacientes a recuperarse de accidentes cerebrovasculares. Últimamente se está convirtiendo en una valiosa herramienta para ayudar a las personas con pérdida grave de memoria y es que cuando se escucha música, se activan múltiples partes del cerebro, incluidas las áreas asociadas a las emociones, la memoria, el aprendizaje y la percepción. Las últimas investigaciones demuestran que las partes del cerebro que contienen recuerdos musicales son las menos afectadas por la demencia.
Esto explica por qué muchos pacientes de demencia conservan recuerdos relacionados con su música favorita. “La música despierta las partes del cerebro que se deterioran más lentamente o que aún están sanas”. Se están diseñando formas especiales de musicoterapia con canciones antiguas que despiertan recuerdos de personas, lugares y acontecimientos; es poco probable que esto pueda detener el deterioro cognitivo de la demencia en fase avanzada, pero puede ser de gran ayuda para hacer más llevadera la situación. “La musicoterapia, cuando se utiliza con otras técnicas de tratamiento, puede ser una forma valiosa de ofrecer conexiones y sentido a la vida de los pacientes y sus seres queridos”.
No sabía nada de esto hace años, cuando fui a Nueva York para estar con mi madre, cuya salud mental se estaba deteriorando con rapidez. La última vez que la vi, unos años antes, mi madre era la misma persona despierta y consciente de siempre, pero ahora apenas me reconocía. Llevé conmigo un montón de CDs de Frank Sinatra porque ella había sido una gran fan suya cuando de adolescente. Dimos un paseo en coche y empecé a cantar con Frank “You Make Me Feel So Young”. Enseguida se unió mamá, cantando cada palabra a la perfección. Si en ese momento le hubiera pedido que nombrara a sus cuatro hijos, no creo que lo hubiera conseguido, pero cantar canciones antiguas era algo completamente distinto. Durante diez días cantamos juntos una canción tras otra, paseando por la playa, en el coche o donde fuera. Fue desgarrador y maravilloso, un regalo que siempre guardaré.