Tony Hillery era propietario de una exitosa empresa de limusinas, pero el negocio cerró debido a la crisis financiera de 2009. Aunque tenía suficiente dinero para jubilarse, quería seguir activo y hacer algo que mereciera la pena. Leyó sobre las escuelas de Harlem (Nueva York), que carecían de fondos y no tenían arte, gimnasio o música, lo que contrastaba con las caras escuelas privadas a las que habían asistido sus hijos. Tony quería ayudar a estos niños negros desfavorecidos, así que se ofreció como voluntario para trabajar como asistente. Pronto entabló relación con muchos de los niños y se enteró de que casi la mitad de ellos vivían en albergues para indigentes. "Eso me destrozó. Buscaba alguna forma de ayudar, cualquier cosa".
Había un jardín comunitario abandonado al otro lado de la calle, así que Tony decidió limpiarlo. No tenía ni idea de lo que iba a hacer con el espacio, hasta que una mañana una niña llamada Nevaeh le tiró del hombro y le dijo: "Señor Tony, ¿por qué no plantamos algo?". Él no sabía nada de jardinería, pero compró un camión de tierra orgánica y, con la ayuda de Nevaeh y sus amigos, plantó algunas hierbas. Con el tiempo, el huerto creció y muchos niños de la zona se unieron a él. Tony descubrió que la mayoría de ellos tenían una dieta muy pobre: mucho azúcar y alimentos procesados. En su barrio había muchos restaurantes de comida rápida, pero ningún supermercado. Para remediar esta situación, empezaron a plantar más verduras para que los niños tuvieran comida sana que llevarse a casa.
Ese humilde comienzo se ha convertido en una importante organización orientada a los jóvenes llamada Harlem Grown. Ahora cuenta con 12 granjas urbanas en las que los niños de la comunidad aprenden lecciones de ciencia y agricultura a través de su experiencia práctica trabajando en los huertos. Harlem Grown también está mejorando su salud, ya que proporciona a los residentes unos 1.000 kilos de productos orgánicos gratuitos cada año. Nevaeh es ahora una joven mujer y ayuda a gestionar la organización; Tony por su parte está orgulloso de lo que ha conseguido, pero se apresura a señalar que el objetivo de Harlem Grown no es sólo cultivar alimentos... sino cultivar niños sanos.