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Educación en igualdad de género para los refugiados

Por Jerry Brownstein
1 Feb 2016 112 Share
Cuando llegó por primera vez a Noruega, Abdu Osman Kelifa, un solicitante de asilo musulmán de Eritrea en África, se sorprendió al ver a las mujeres con poca ropa bebiendo alcohol y besándose en público. Dijo que en su país sólo actuaban así las prostitutas. El Sr. Kelifa era un candidato perfecto para participar en un programa que busca prevenir la violencia sexual y de cualquier índole, ayudando a los hombres inmigrantes de culturas donde las mujeres son tratadas como seres inferiores, para adaptarse a la libertad de las sociedades europeas.

Con más de un millón de refugiados que vienen a Europa, un número creciente de activistas y políticos se dan cuenta de que es importante ofrecer información sobre las normas sexuales de Europa y los códigos sociales. En Dinamarca, los legisladores están presionando para que la educación sexual se incluya en las clases de idiomas obligatorias para los refugiados. La región alemana de Baviera, el punto de entrada principal a Alemania para los solicitantes de asilo, ya está experimentando este tipo de clases en un albergue para migrantes adolescentes en la ciudad de Passau. Noruega ha estado a la vanguardia en esto, y el jefe de su departamento de inmigración explica: «Muchos refugiados provienen de sociedades donde los géneros no son considerados iguales y donde las mujeres son propiedad de los hombres. Tenemos que ayudarles a adaptarse a su nueva cultura».

El sistema en Noruega se organiza en torno a las discusiones en grupo, y el manual del curso establece una regla simple que todos los refugiados tienen que aprender y seguir: «En Noruega no está permitido forzar a alguien a tener sexo, incluso si se está casado con esa persona».

El Sr. Kelifa dice que ahora ha aprendido a leer las señales previamente desconcertantes de las mujeres que usan faldas cortas, sonríen o simplemente caminan solas por la noche. Explicó que en su país: «Si alguien quiere pasar una noche con una mujer puede cogerla y no le castigarán, al menos la policía». En Noruega se trata a las mujeres de manera diferente. «Pueden desempeñar cualquier trabajo, desde primera ministra a conductora de camión, y tienen el derecho a relajarse en los bares o en la calle sin que las molesten».
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