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Desde
tu nacimiento hasta los seis años, tu mente
subconsciente absorbe y almacena todo lo que la rodea:
cada palabra que oye, cada emoción que siente,
cada imagen que ve. Toda esta información acumulada
que viene de tu familia, tu religión, la televisión,
la sociedad, etc., se convierte en tu personalidad básica
o hábitus primario. Durante tu vida, tu subconsciente
sigue formándose de acuerdo a las influencias
externas, absorbiendo obedientemente las normas y creencias
de la
escuela, las amistades, la cultura, el gobierno y los
medios. En algunos niveles, esta base de datos subconsciente
es
muy útil, ya que te permite hacer las incontables
cosas que has aprendido a lo largo de tu vida. Puedes
conducir un coche, freír un huevo o bailar tango,
sin tener que pensar de forma consciente en cómo
dar cada paso, porque tu subconsciente almacena toda
esa información
y hace estas cosas de forma automática. Esto está muy
bien cuando se trata de preparar una tortilla, pero los
problemas vienen cuando permites que tu hábitus
primario subconsciente tome las decisiones que definen
quién eres y cómo interactúas con
el mundo. Al dejar que el subconsciente sea quien tome
estas decisiones personales, renunciamos a nuestro poder
de decisión y por tanto vamos por la vida repitiendo
de forma inconsciente las creencias, hábitos y
prejuicios que hemos heredado de otras personas.
La forma de volver a tener libertad de elección
y recuperar el control de tu vida es aprender a vivir
de forma consciente. El subconsciente sólo toma
el control cuando la mente consciente no está prestando
atención, así que si incrementas tu nivel
de conciencia la mente consciente estará al mando
durante más de ese 5% del tiempo que se considera “normal”.
Puedes conseguir este nivel más elevado de conciencia
cultivando una mayor atención, lo que supone simplemente
que tu intención esté conectada con el
momento presente, para que puedas acordarte de utilizar
tu mente
consciente. Una persona atenta, cuando se enfrenta a
una elección en cuanto a cómo actuar en
el mundo, resiste de forma consciente antes de caer en
las reacciones
automáticas del subconsciente, y elige en su lugar
seguir las indicaciones de su sabiduría interior.
En el fondo de cada persona existe una parte sabia, o
el yo del alma, que en cada encrucijada del camino nos
susurra: “¿Es ésta
la persona que quieres ser?” “¿Te
va a traer esto la felicidad?”. La atención
consciente nos lleva a tomar decisiones que responden
a estas preguntas
con un SÍ rotundo.
Al vivir de forma consciente, asumes la responsabilidad
de quién eres en el mundo, eligiendo internamente
tus pensamientos, tus palabras y tus acciones para que
estén alineados con tus ideales más elevados.
Esto supone todo un reto, ya que has de superar toda una
vida de programación con las ideas, las acciones
y las creencias de otras personas. Al principio seguirás
pensando, diciendo y haciendo cosas que no están
en armonía con quien deseas ser, pero según
van apareciendo estos antiguos patrones de comportamiento,
se trata de iluminarlos con la luz de la consciencia y
entonces corregirte con cariño.
Con el tiempo este proceso de realineación se
hace cada vez más fácil, porque tus elecciones
conscientes crearán nuevos hábitos positivos
en tu subconsciente, y las antiguas reacciones heredadas
irán perdiendo su poder. A medida que vas creando
tus pensamientos, palabras y acciones de forma intencionada
para que resuenen con la sabiduría de tu alma,
descubrirás
que la conciencia evolucionará mágicamente
en todas las áreas de tu vida. Es muy probable
que empieces a tener más cuidado con lo que le
metes al cuerpo y con tu salud. Tus gustos musicales
y de ocio
tal vez se hagan más refinados, así como
tus decisiones sobre dónde ir y
qué hacer. Esta evolución de la conciencia
se desarrollará de forma fácil y sin esfuerzo,
como
reflejo natural de ese alineamiento con tus elecciones
más elevadas.
Claro que vivir de forma consciente no significa que
todo en tu vida vaya como la seda, pero sí que
te otorga el poder de elegir tu experiencia interior
en todas las situaciones que se presenten. Para
sentir lo que esto significa, imagina que estás observando
a un halcón mientras vuela grácilmente por
el cielo. Con las alas magníficamente desplegadas
se eleva, se zambulle, y cambia de dirección con un
movimiento mínimo de las plumas de su cola. Los
vientos pueden venir del Norte, del Sur, del Este o del Oeste,
pueden
ser suaves o pueden rugir con fuerza. El halcón no
controla el viento, pero tiene total control sobre su propio
vuelo. |