El
amor tiende a aparecer de forma curiosa, a menudo inesperada,
otras veces poco conveniente, a pesar de lo cual normalmente
es bienvenido... El amor puede derretir un corazón
helado, aportar color y calor, y renovar la inspiración
de quienes empiezan a preguntarse por el sentido de esta
vida.
Hay muchísimas variedades de amor, pero una expresión
en especial es la que ha inspirado tantos y tantos sueños
y leyendas: el tipo de amor tan intenso y sentido que impulsa
a la gente a querer pasar toda la vida juntos. Muchas personas
anhelan encontrarlo, pero no todas lo hacen, haciendo que sea
aún más precioso y extraordinario para quienes
lo hallan. Por suerte, no son sólo los enamorados quienes
se benefician de ello, sino que puede ser una experiencia muy
hermosa para quienes les rodean también.
Incluso en estos tiempos de relaciones volátiles, muchas
personas que han desarrollado este vínculo eligen casarse – aún
hoy puede ser una forma muy poderosa de decir “esta persona
es muy, muy especial para mi”. Por supuesto que es fácil
ser cínico, y está claro que el matrimonio tiene
significados muy diferentes para unas y otras personas. Siempre
ha habido quienes, guiados por las circunstancias o la necesidad,
se unen por motivos ajenos a la expresión del amor,
y también están las personas que sienten un intenso
amor, pero que no sienten el impulso de demostrarlo casándose.
En todo caso, el casamiento sigue siendo a menudo la forma
que eligen dos personas para reconocer y celebrar el amor especial
que sienten – simbolizando no sólo ese amor, sino
además tal vez entre otras cosas una compatibilidad
percibida y un deseo de acompañarse en los altibajos
de la vida.
En la mayoría de las culturas, el matrimonio se ha sellado
tradicionalmente con algún tipo de ceremonia religiosa.
Pero ahora vivimos en un mundo en el que las ideas y las creencias
se van transformando. Muchas personas no se sienten cómodas
con una ceremonia que no refleje sus creencias, pero a pesar
de ello desean hacer algo que marque la ocasión.
A lo largo de los últimos años han aparecido
posibilidades alternativas de celebrar de forma más
personalizada el amor que siente una pareja, y ya hay varias
personas en Ibiza que facilitan tales ceremonias, cada una
con un énfasis diferente.
Hace poco me encontré con Jon Michell Fueter, que vive
en la isla desde hace más de 22 años. Desde el
2001 ha actuado como maestro de ceremonias en incontables bodas
y ha desarrollado su propio y especial estilo, intrínsecamente
inspirado por las tradiciones del Norte y del Sur de América.
Lo hace, esencialmente, porque cree que el amor engendra amor,
y que celebrarlo de forma consciente ayuda a que sea reconocido
y experimentado, y tal vez también contribuye a que
se extienda – “más amor”, dice, “es
algo que el mundo necesita”.

Como miembro fundador de “Namasté”, la primera
ceremonia que guió fue para Juanito de Las Dalias. Desde
entonces, las peticiones de este tipo de celebración
nupcial se han ido multiplicando. El hecho de hablar español,
francés, inglés y alemán con fluidez
ha hecho que pueda comunicarse con una gran variedad de
gente.
Para él es importante que la ceremonia no sea dogmática – por
ello, no dicta ni impone opiniones religiosas, sino que basa
la ocasión en torno a los elementos vitales de la naturaleza,
el potencial del amor en todas sus formas y la realidad actual
del mismo en la pareja concreta. Las parejas pueden intercambiar
anillos o cualquier otra expresión o promesa de su elección.
Normalmente eligen también el lugar – casi siempre
un espacio al aire libre, tal vez en una playa apartada, la
cima de una montaña, una casa privada o un hotel
rural.
Junto a estas elecciones personales, hay otros detalles
que para Jon Michell son importantes para contribuir al
espíritu
de la ocasión: por ejemplo, distribuye los asientos
para que los invitados y la pareja formen un círculo – al
contrario que la mayoría de bodas religiosas, donde
sólo se ven las espaldas de los contrayentes. También
arregla un “altar” como punto de enfoque en el
que coloca objetos especiales para simbolizar los elementos
de la naturaleza, y señala que lo más importante
de la ceremonia es el mismo amor – de hecho, él
considera que el amor es el “5º elemento”, la sustancia
que da a la vida su significado. Cree que el amor es el mayor
tesoro que un ser humano puede encontrar, y que “conocer
a alguien con quien compartir nuestras vidas no es una certitud,
sino un regalo”.
Los asistentes son invitados a estar plenamente presentes
en el momento para atestiguar y celebrar “algo único
y sagrado”. Las opiniones de los familiares y amigos
después del evento son siempre positivas, aunque a veces
tengan opiniones religiosas o espirituales propias y diferentes.
Jon Michell siente que, incluso entre diferentes creencias,
la naturaleza es un medio común a toda la humanidad,
tal como lo es, por supuesto, el amor.
Texto: Helen Howard
