EDICIÓN: Junio - Agosto '07

BALL PÀGES












Desconociendo el origen exacto de la música y danzas del folclore ibicenco, su antigüedad viene determinada por los instrumentos utilizados, todos ellos de percusión o viento y fabricados artesanalmente con materiales fácilmente accesibles para el campesino ibicenco (pino y piel de oveja o cabra para el tambor, raíz de enebro para las “castanyoles” y una rama de adelfa para la flauta).

El baile ibicenco se bailaba en la plaza de la iglesia, junto a los pozos comunitarios o bien sobre las eras una vez acabadas las labores del campo. Lo solía abrir el dueño de la casa y la heredera con “sa curta”, baile de ritmo y movimientos suaves, y a continuación se seguía con “sa llarga”, danza con un fuerte ritmo y con bruscos movimientos.


























Muy diferenciada es la actitud del hombre y la mujer en las danzas: ella, con pasos muy cortos, mirada baja y postura hierática da la sensación de deslizarse marcando unos círculos dentro de los cuales baila el hombre, con saltos y gestos vigorosos al tiempo que toca las “castanyoles”, procurando no dar nunca la espalda a la mujer. La fiesta finaliza con dos bailes de carácter nupcial: “sa filera” y “ses nou rodades”, bailados por los novios a los que al final se unían todos los invitados al ritmo de “sa llarga”.

Con respecto al vestuario, el más antiguo es el de “gonella negra”, traje del siglo XVIII, confeccionado con estameña negra y adornado con una “emprendada” de plata y coral. El hombre viste traje del mismo tejido y tanto del chaleco como de la chaquetilla penden botones de plata. Al igual que el de la mujer, así como avanzaba la época aparecían nuevas variedades como el traje de “drap” o el de “camisola”.

Del siglo XIX es la “gonella blanca”. Lleva prácticamente las misma piezas que la “gonella negra”, aunque varían los tejidos empleados. En este caso cabe destacar la amplia falda de algodón blanco, a la que dan volumen las numerosas enaguas que bajo ella porta la mujer, que también va adornada por la “emprendada”, botonadura en las bocamangas y anillos de compromiso, de los que puede llevar hasta 24, siempre dependiendo del poder adquisitivo del novio.

De finales del siglo XIX y siglo XX es el traje de color, evolución del traje blanco en el que el algodón da paso a otros tejidos que en aquella época ya se podían adquirir en la isla, dándole mayor colorido al vestuario femenino.

Tanto el hombre como la mujer calzan “espardenyes” elaboradas artesanalmente con esparto y pita. La diferencia entre ambas es que las del hombre tienen la puntera abierta y las de la mujer cerrada.










Uno de los varios grupos de la isla que siguen manteniendo la tradición es el Grup Folklòric Sant Jordi de ses Salines, formado en el año 1982 por iniciativa del APA del colegio público de Sant Jordi, contando en la actualidad con unos 45 componentes. Su principal objetivo es la enseñanza y divulgación del folclore ibicenco, contando con un numeroso grupo de alumnos a partir de los 4 años.







Estos objetivos de enseñanza y conservación de la cultura pitiüsa son lo que motiva a estos miembros del Grup, que ahora ya como asociación desvinculada del colegio Sant Jordi sigue enseñando los bailes y la música ibicenca a todo el mundo que pueda estar interesado. Además, da a conocer el baile pagés alrededor de la geografia española, realizando intercambios con numerosos grupos y participando en muestras y festivales folclóricos, celebrando así este año 2007 su 25 aniversario.