EDICIÓN: Febrero - Abril '07

DALT VILA

DALT VILA
Un paseo a través de los Siglos





















Dalt Vila, vista desde lejos, parece una obra de arte sobredimensionada. Los edificios de la Ibiza histórica se encuentran amontonados al azar como dados; las casitas encaladas con sus escaleras, ventanucos y contraventanas de diferentes colores, balcones, portones, frescos y adornos. Pero hay mucho, más allá de esta belleza de cuento, que te impresiona cuando paseas por las antiguas y estrechas calles.

La magia de Dalt Vila no se ve a simple vista, hay algo en el aire indiscernible y sin embargo omnipresente: es la atmósfera única de una ciudad que ha hecho historia a nivel mundial.

Se fundó hace 2.700 años, cuando los Fenicios establecieron su primera colonia. Después les siguieron los Romanos, los Arabes, y posteriormente la monarquía española medieval.









Las diversas épocas de la Historia le dieron a la ciudad tal riqueza cultural que fue nombrada Patriomonio de la Humanidad por la Unesco en 1.999. Cada era ha dejado tras de sí sus trazos, escondidos en numerosos detalles.

Según entramos en la zona amurallada cruzando el pesado puente levadizo, la vieja Roma nos recibe – en forma de dos estatuas sin cabezas. Son copias, los originales están en el Museo Arqueológico de Dalt Vila. La inscripción sobre el portón se hizo alrededor del año 1.500 d.C., y reza: Philipo Haec Construebantur (“esto se construyó para el Rey Felipe”). Se refiere al heredero español del trono, Felipe II, que construyó la fortaleza que conocemos hoy.










El majestuoso Portal de Ses Taules conduce a través de un pasillo con arcos directamente al patio de armas, donde las tropas y los oficiales se reunían. Entre los gruesos muros casi pueden escucharse las armaduras entrechocándose…







Dejamos atrás los pesados muros del otro lado para encontrarnos en medio del colorido escenario turístico de tiempos modernos. Pero sólo hemos de volvernos para viajar de nuevo al pasado: sobre el portón del patio de armas, mirando a la plaza, hay una escultura de un líder militar Romano. Caminando a su derecha y siguiendo la calle empedrada subimos a la Plaça dels Desamparats.









Ahí, a la sombra de un viejo eucalipto, encontramos la escultura en bronce del historiador Isidoro Macabich (1.883-1.973), que escribió la gran “Historia de Ibiza”.











Nuestro viaje nos lleva más arriba y hacia la izquierda, al Baluarte de Santa Llúcia, una de las siete torres dentro de la fortaleza. Aquí la Edad Media está representada de forma particularmente impresionante: los cañones colocados en los parapetos como si esperaran aún ser disparados. Dando la espalda al Baluarte, se asoma a nuestra vista la gran catedral de Dalt Vila, erguida sobre los tejados de la vieja ciudad. De forma bastante poco apropiada está dedicada a la Señora de las Nieves. Esto se debe sencillamente a que los Catalanes Católicos conquistaron la isla en este día según el calendario eclesiástico.

Seguimos el camino de los callejones ascendentes, para ver la catedral más de cerca. A lo largo de los siglos en el emplazamiento de esta capilla se han sucedido un templo romano, una basílica cristiana y una mezquita árabe. En el museo arqueológico junto a la catedral podemos casi tocar esta variedad épica: muestras de la historia fenicia, púnica y romana nos invitan a viajar a través del tiempo.





Por detrás de la catedral un estrecho callejón nos lleva al otro lado de Dalt Vila, a la zona que muestra aún más influencias medievales que la parte baja de la ciudad, con sus casas residenciales y boutiques. Las rocas caen en picado hacia el mar: ningún posible invasor podía tener éxito aquí. Giramos de nuevo a la derecha. Tras unos metros se divisa una oscura abertura en los muros de la fortaleza – la entrada al túnel Es Soto Fosc (“el bosque oscuro”), una antigua vía de escape a través de la cual los sitiados en el castillo podían alcanzar la costa. A través de la verja de hierro que deja pasar la luz al túnel, los defensores tiraban piedras y brasas sobre los enemigos atacantes. Seguimos el largo y estremecedor paseo por dentro de los fríos muros. Al final nos recibe la cálida luz del sol, un parking moderno, el aquí y ahora. Por encima de nosotros se eleva Dalt Vila, sólida como una roca y de una belleza intemporal.






















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