EDICIÓN: Abril - Mayo '06

MEDITACIÓN: De oruga a mariposa

Dassana




La tarea de la civilización será desarrollar
una comprensión espiritual más profunda.
(Arnold Toynbee)
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Normalmente nuestro concepto de nosotros mismos deriva de todos los diversos aspectos que nos caracterizan como individuos – nuestro cuerpo y su apariencia exterior, nuestra historia, nuestra nacionalidad, nuestros roles, nuestro trabajo, nuestro estatus social y económico, lo que poseemos, lo que los demás piensan de nosotros, etc. Encontramos nuestra identidad también a través de pensamientos y sentimientos que tenemos por nuestra fé, nuestros valores y opiniones, nuestras concepciones e ideas, a partir de habilidades creativas e intelectuales, por nuestro carácter y personalidad. Estos son, junto con otros muchos atributos, los aspectos de nuestra vida que contribuyen a que nos experimentemos a nosotros mismos.














¡Nuestra existencia está ligada a una enorme cantidad de condiciones! Parecemos libres, pero en el fondo sentimos que nuestra libertad es una falacia, que estamos atados a estas condiciones de muchas maneras. Nuestra identidad está continuamente sometida al proceso de la vida, puede ser herida en cualquier momento, y necesita permanente protección, apoyo y defensa.
Además de cómo experimentamos nuestra identidad en el mundo, encontramos el significado de nosotros mismos también a través del hecho de que experimentamos. Si existe la “experiencia”, significa que la persona que la experimenta existe, un “yo” que puede experimentar. Lo que sucede en mi mente le da sentido porque soy el sujeto de ello. Sin embargo, ¿qué es exactamente este “yo”? Utilizo la palabra “yo” cientos
de veces al día – yo pienso, yo veo, yo siento, yo quiero decir, yo sé, o yo recuerdo. Sé exactamente lo que quiero decir con ese “yo” hasta que intento describirlo o definirlo. Ahí empiezan los problemas.






Buscar el “yo” se puede comparar con la búsqueda de una fuente de luz en una habitación oscura con una linterna.
Lo que encontraría serían los diversos objetos en la habitación sobre los que se posara el haz de luz de la linterna. Lo mismo sucede cuando intento encontrar el sujeto de toda experiencia. Lo que encontraré serán diversas ideas, imágenes y sentimientos que se estén llevando al ángulo visual de atención.




Sin embargo, estos son sólo los objetos de la experiencia, y por ello no pueden ser el sujeto de la experiencia. Aunque uno mismo nunca podrá ser reconocido como un objeto de experiencia, puede ser reconocido de una forma aún más íntima y directa.
Cuando la mente está quieta, cuando todos los pensamientos, sentimientos, comparaciones, opiniones y recuerdos que normalmente usamos para evaluar se han desvanecido, lo que queda entonces es puro sujeto sin objeto.
En este estado, encontrarás la esencia del ser o de la consciencia.
Te darás cuenta de que éste es tu verdadero “ser”. No eres un ser con consciencia; eres consciencia. Esta esencia de la identidad no tiene nada que ver con la parte única de cada ser individual, al contrario – es el mismo para todos nosotros.
La luz de consciencia que brilla en tu interior, aquello que llamas “yo”, es lo mismo que yo llamo “yo”. ¡De esta manera, somos uno! Este ser esencial es eterno; nunca cambia. Es la verdadera consciencia, y la verdadera consciencia es atemporal.
La meditación es un proceso en el cual la persona que medita puede adquirir este profundo conocimiento haciéndose a sí misma consciente de Ello. A través de la meditación una persona puede desarrollar lo que de otro modo sólo sería algo en potencia.
¡ La oruga se convierte en una mariposa!

Dassana ha estado impartiendo cursos de meditación en Ibiza, Holanda y Alemania durante 15 años. Más información en:
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