EDICIÓN: Octubre - Diciembre 2010

RECICLAJE EN IBIZA

Texto: Jordi Canut Martin
¿LEYENDA URBANA O NECESARIA REALIDAD?


Mi hijo llegó ayer muy enfadado del colegio, hasta me regañó porque en casa no reciclamos la basura. No es que antes no lo hiciéramos, de hecho la estuvimos separando una buena temporada, pero al final las prisas y la supuesta comodidad de tirarlo todo al mismo cubo pudieron más y lo dejamos. Pero “¡hoy empezamos a reciclar!”, exclama mi hijo muy convencido, así que no me queda más remedio que sentirme culpable y hacer algo al respecto. Para empezar, tengo que reorganizar un poco mi cocina, cuestión de logística, y aunque voy a tener varios recipientes en lugar de uno como antes, con algo de ingenio, disciplina y sentido práctico lo consigo.

Si quiero separar bien y depositar luego cada cosa en su contenedor correspondiente, necesito: uno para los plásticos y envases (amarillo), otro para el vidrio (verde) y otro para el papel y el cartón (azul), otro para los desechos, orgánicos o no, que no se pueden reciclar (‘fems’ en ibicenco, contenedor gris). También destino un bote de vidrio para guardar las pilas gastadas y una garrafa para el aceite usado (en el municipio de Sant Antoni y en Vila existen varios contenedores habilitados especialmente para depositar dicho líquido). Si vives en el campo también puedes ‘reciclar’ gran parte de tus desechos orgánicos, para fabricar un compostero o alimentar a las gallinas. Y hablando de campo... ¿qué hacemos con todos esos objetos, más o menos voluminosos, que ya no sirven para nada pero que siguen ocupando mucho espacio, acumulan polvo y suciedad, y afean nuestro entorno? Son elementos metálicos, neumáticos o botes de pintura que no se deben tirar a los contenedores, sobre todo porque muchos de sus componentes son altamente contaminantes y no conviene quemarlos. Para deshacerse de ellos respetando el medio ambiente existen varios “puntos verdes” en la isla donde ir a dejarlos. Por otro lado, en lo que se refiere a muebles y electrodomésticos usados y/o averiados, la “Fundació Deixalles” se dedica, entre otras actividades, a restaurarlos y arreglarlos para devolverlos al circuito del consumo responsable a un módico precio.

Sin embargo, con el ritmo de vida que llevamos, ¿merecerá la pena el ‘esfuerzo’ que supone separar los desechos para reciclar? Seguro que muchos de los habitantes de Ibiza hemos oído muchas veces decir: “Total, como en Ibiza no se recicla de verdad porque al final lo mezclan todo junto...”. Eso no es así. Mi hijo y sus compañeros han visto con sus propios ojos la estación de transferencia que hay a la entrada de Ibiza, cerca del antiguo casino, adonde va a parar toda la basura susceptible de ser reciclada. Ante todo, es importante recordar que si bien los ciudadanos de a pie no solemos sentir una motivación tangible e inmediata que nos haga querer reciclar, en cambio a los ayuntamientos les interesa separar al máximo los desechos, por la sencilla razón que tienen que pagar por cada tonelada de basura que dejan en el vertedero de Ca na Putxa. Visto así, parece evidente que a las arcas municipales les conviene generar la menor cantidad de basura no reciclable posible y así ahorrar dinero. ¿Cómo conseguirlo? La única manera es reciclando, pero antes hay que seleccionar, y para que esto sea posible, lo primero es separar desde casa.

Por otro lado, además de reducir costos, los ayuntamientos también son compensados económicamente en base a la cantidad de residuos recogidos de manera selectiva y entregados en la estación de transferencia de Ibiza para su reciclaje. Allí los operarios se encargan de llevar un registro de todo lo que entra y luego compactar los desechos (tal y como llegan de nuestras casas) que los conductores de los camiones depositan en cada sector correspondiente de la estación. A partir de ahí, cada tipo de desecho emprende un viaje distinto: los envases llamados ligeros (envases plásticos varios, tetrabrik, latas y aluminio) son trasladados hasta una planta de selección en Mallorca, donde se procede a la separación de envases según el material de fabricación. Dicha travesía se repite unas dos veces a la semana y esto será así hasta que se ponga en funcionamiento la nueva planta de selección y separación de desechos que debería construirse en breve en el mismo recinto del vertedero de Ca na Putxa, siguiendo el “Plan director sectorial de gestión de residuos urbanos de Ibiza y Formentera”. En cuanto al vidrio que llega de los diferentes municipios, se traslada tres veces por semana en invierno hasta Barcelona, donde empresas o sistemas integrales de gestión de residuos (como Ecovidrio) se encargan de darle una segunda vida a bajo coste, reduciendo así la necesidad de producir vidrio nuevo, cuyo proceso de fabricación suele ser muy agresivo con la naturaleza, puesto que la extracción de arenas de sílice provoca erosión. El cartón y el papel se mandan a una empresa que se dedica al reciclaje del papel en Zaragoza. Esto no solamente reduce la tala de árboles, sino que hace ahorrar agua, ya que para fabricar 1.000 kg de papel a partir de troncos hacen falta 480.000 litros de agua y en cambio, para fabricar la misma cantidad de papel reciclado tan sólo se necesitan 1.800 litros de agua. Esto repercute en una menor contaminación de nuestro entorno por químicos y supone un ahorro de energías varias. ¡La diferencia es abismal!

Un dato alarmante es que en tan solo diez años (entre 1997 y 2008), al parecer el vertedero de Ca Na Putxa ha visto duplicarse la cantidad de residuos en él vertidos. Siendo Ibiza una isla de reducidas dimensiones, no parece muy viable el que las autoridades tengan que ponerse a buscar una nueva localización para un segundo vertedero, por lo que es indispensable frenar esta tendencia separando desechos y reciclándolos. De hecho, esto me hace pensar en que somos nosotros los que debemos empezar por reducir al máximo el consumo de envases a la hora de hacer la compra: más garrafas y menos botellas y latas, más a granel y menos bandejas y envases plásticos. Con sus palabras, mi hijo ayer me recordó que como ciudadanos tenemos un compromiso con el planeta a nivel global, pero también y sobre todo con el municipio en el que vivimos a nivel local. Que sea un lugar limpio y libre de residuos depende únicamente de nosotros. A mayor escala, la salud de la isla y de la Tierra está en nuestras manos, así que no busquemos excusas para no asumir responsabilidades. ¡Reciclemos ya!