EDICIÓN: Diciembre - Febrero 2014

El misterio de la consciencia

Texto: Jerry Brownstein
Se menciona mucho hoy en día la palabra “consciencia”. Se nos dice que hemos de desarrollarla más, y que debe evolucionar para que el mundo se transforme para mejor. Pero, ¿de qué estamos hablando realmente? ¿Qué es la consciencia, y de dónde viene? Los filósofos la llaman «el fantasma en el interior de la máquina»... nuestra experiencia interna de pensamiento, sentimiento y visualización... esa capacidad de ser consciente de uno mismo que es exclusiva de los seres humanos. Para comprender lo que significa esto, prueba este pequeño experimento: tómate diez segundos para pensar en lo que vas a hacer mañana... Vale, pasó el tiempo. Lo que acabas de hacer es crear una realidad alterna que tan solo existe en tu mente: visualizaste y previste eventos que no han sucedido. Esa es la esencia de la consciencia: ser capaz de tener una experiencia interna separada del mundo material. Los humanos somos los únicos seres de la Tierra que tenemos esta habilidad, así que... ¿de dónde procede?
 
Los científicos convencionales tienen dificultades a la hora de explicar la consciencia, pues la ciencia se centra únicamente en el mundo material... y la consciencia no es material. Intentan cerrar esta brecha diciendo que la consciencia emerge, de alguna forma, de la complejidad de nuestros cerebros... pero no tienen ni idea de cómo sucede esto. Según esta teoría, deberíamos creernos que una materia puramente física (el cerebro) crea mágicamente experiencias espirituales internas (nuestros pensamientos)... a pesar de que no existan pruebas que lo demuestren. Esa es la visión convencional del asunto, pero existe una rama de la ciencia que ha producido pruebas que apuntan a una comprensión totalmente distinta de la consciencia.
 

 
Los descubrimientos de la física cuántica sugieren que la consciencia no emerge de la materia, sino que en realidad ¡es la materia la que emerge de la consciencia! El Efecto Observador nos sugiere que nada existe en el mundo material hasta que es observado por algún tipo de consciencia. Esto ha llevado a algunos de los pensadores científicos más avanzados a teorizar sobre la idea de que vivimos en un Universo Holográfico, en el que nuestra experiencia del mundo “real” no es más que una proyeccón de la consciencia que atraviesa nuestros cerebros. Dicen que la forma en que tu cerebro recibe la consciencia es análoga a la forma en que un teléfono móvil recibe llamadas. Tu teléfono contacta con la red para adquirir señales digitales... y después interpreta esas señales en forma de sonidos para que puedas escuchar a la persona con quien hablas. Tu cerebro tiene una función similar: es un receptor que busca adquirir las señales de consciencia... y después interpreta esas señales para que puedas traer la consciencia al mundo material.
 
La ciencia convencional sigue diciendo que la consciencia emerge únicamente del cerebro, mientras que la física cuántica sugiere que el cerebro no crea la consciencia, sino que simplemente la recibe y la interpreta. ¿Quién tiene razón? El apoyo al enfoque cuántico viene de numeroso estudios sobre experiencias cercanas a la muerte (ECM). En estas experiencias, lo típico es que una persona casi muera por un accidente o por enfermedad y que tenga experiencias conscientes muy vívidas, aunque su cerebro no esté funcionando. La ciencia convencional intenta explicarlo alegando que estas personas han debido mantener una pequeña parte de su actividad cerebral que después se distorsionó por el trauma o por una falta de oxígeno. Sin embargo, un caso famoso de ECM ha mostrado recientemente que esta explicación no puede ser correcta.
 

 
El Dr. Eben Alexander era un neurocirujano del Centro Médico de Harvard que siempre había creído en la explicación científica de las experiencias cercanas a la muerte. En el 2008 sufrió una rara infección que detuvo todas sus funciones cerebrales principales y le dejó en coma durante siete días. Algo sucedió durante ese coma que cambió su vida para siempre. Aunque su cerebro estaba totalmente apagado, afirma que: «Mi consciencia viajó a otra dimensión mayor del Universo, una dimensión que nunca había soñado que pudiese existir y que el antiguo yo, antes del coma, habría estado satisfecho de explicar como una sencilla imposibilidad.»
 
Lo que hace que la experiencia del Dr. Alexander sea tan importante es el hecho de que estuvo sometido a una constante y sofisticada observación médica durante todo el tiempo que estuvo en coma. Este seguimiento demuestra de forma concluyente que su cerebro estuvo totalmente apagado durante esos siete días. La ciencia convencional quiere hacernos pensar que la consciencia emerge tan solo del cerebro, y que las experiencias cercanas a la muerte son meras alucinaciones causadas por distorsiones en la actividad cerebral remanente. Pero esto era imposible en el caso del Dr. Alexander, pues existen pruebas irrefutables de que no tuvo actividad cerebral remanente durante su coma... y sin embargo tenía consciencia. Además, el paciente fue él mismo testigo ideal de su experiencia: un experto en el funcionamiento del cerebro que antes estaba de acuerdo con la creencia convencional. Fue tan solo después de su extraordinaria experiencia que se vio obligado a reconocer que uno puede tener consciencia fuera del cerebro.
 

 
Aunque “uno de los suyos” haya visto la luz, la mayoría de los científicos convencionales sigue sin reconocer estas pruebas y se aferra a su antigua creencia de que la consciencia emerge del cerebro. Incluso han atacado al Dr. Alexander por escribir y hablar sobre sus experiencias. A pesar de la resistencia que muestra la comunidad científica, la búsqueda de una comprensión verdadera de la consciencia continúa para los más vanguardistas, tanto en ciencia como en espiritualidad. Me hace recordar esa famosa frase de Arthur Schopenhauer:
 
«Toda verdad pasa por tres fases. Primero, es ridiculizada. Después, se la opone violentamente. Y al final, es aceptada como evidente.» •