EDICIÓN: Junio - agosto 2013

Libertad emocional

Texto: Jerry Brownstein
La mayor parte de la gente es consciente de que sufrir demasiado estrés no es bueno para su salud, y diversos estudios confirman que el estrés es un factor primordial en las enfermedades cardiovasculares y digestivas, los desórdenes inmunes, el dolor crónico y muchas formas de cáncer. El estrés emocional eleva la presión sanguínea, debilita el sistema inmune y acelera el proceso de envejecimiento. Pero, ¿cómo puede ser que sentimientos que emergen tan solo en la mente puedan causar problemas físicos en el resto del cuerpo? Resulta que este es uno de los aspectos de la Conexión Cuerpo/Mente que es fácil de comprender, pues tiene mucho sentido. Poner demasiado estrés sobre cualquier cosa la debilita, así que es lógico el hecho de que el estrés debilite tu cuerpo y por tanto lo haga más proclive a la enfermedad. Veamos cómo funciona esto exactamente y por qué se ha convertido en un problema tan grande en nuestro mundo actual.

Los orígenes del estrés se remontan a las profundidades de nuestro pasado evolutivo, y están firmemente anclados en el más básico de nuestros instintos: la Supervivencia. Como todos los animales, los humanos estamos programados para responder a situaciones amenazantes con un sistema de respuesta de emergencia llamado Lucha o Huída. Esta reacción automática prepara nuestros cuerpos, o bien para pelear contra una amenaza de peligro con toda nuestra fuerza, o bien para huir de ella a toda velocidad. Cuando tu cerebro siente peligro, libera una carga de adrenalina y cortisol a la corriente sanguínea y estos químicos causan una poderosa respuesta física: se eleva la presión sanguínea, se tensan los músculos, la respiración se hace superficial y rápida, la digestión se detiene, el sistema inmune se ve reprimido, y todos los sentidos se ponen en estado de alerta máxima. Esto invierte totalmente el ritmo habitual de tu cuerpo, que normalmente te mantiene sano utilizando el 90% de su energía para el crecimiento y la renovación. La Lucha o Huída desconecta estas funciones vitales para redirigir toda tu energía y enfocarla en enfrentarse a esta emergencia percibida. Este mecanismo de defensa temporal es crucial para la supervivencia en un entorno peligroso, pero si dura demasiado causa un estrés físico masivo que lleva a la enfermedad crónica en el cuerpo… y este es el gran problema de la sociedad moderna.





La lucha o huída les iba muy bien a nuestros ancestros cuando tenían que escaparse de un tigre. En aquellos tiempos, una vez desaparecido el tigre, la persona primitiva se relajaba… la respuesta ante el estrés se detenía… y el cuerpo volvía a su estado normal de crecimiento y renovación. La diferencia en esta sociedad moderna es que nos sentimos constantemente bajo amenaza, así que nuestros cuerpos están constantemente entrando y saliendo del modo lucha o huída. ¿Por qué sucede esto? Un motivo es que nuestra evolución no ha sido simétrica. La complejidad de nuestras mentes y nuestra capacidad de visualizar pensamientos ha evolucionado rápidamente, mientras que nuestro sistema para enfrentarnos al peligro apenas ha variado. Nuestras mentes avanzadas son capaces de crear imágenes mentales que parecen totalmente reales para el cerebro, y éstas activan la respuesta primitiva de supervivencia que al cerebro le parece totalmente real, lo que desencadena la respuesta primitiva de supervivencia que en realidad sirve para gestionar peligros a nuestra integridad física. Es por eso que tener pensamientos temorosos o nerviosos hace que tu cuerpo reaccione como si estuviera bajo seria amenaza física.





Como ejemplo, supongamos que hay alguien en tu vida que sea verbalmente violento contigo. Cada vez que pienses en esa persona, tu cerebro interpreta ese pensamiento como una amenaza – no puede distinguir entre una amenaza real (un tigre) y algo que está tan solo en tu mente (el temor a que te griten). Como resultado, tu cuerpo cae en la respuesta ante el estrés una y otra vez, y esto es desastroso para tu salud, tanto física como mental. Lo mismo sucede cuando te preocupas. Tus pensamientos sobre una situación que podría salir mal son reales para tu cerebro, y reacciona como si el resultado negativo ya hubiese sucedido en la realidad – y esto causa estrés. Además, existen factores relacionados con el estilo de vida de nuestra sociedad contemporánea que también nos mantienen en un estado permanente de estrés. La ciudad moderna es básicamente una “máquina de estrés” con su ritmo acelerado, aglomeraciones, ruido y contaminación. Además de todo ello, estamos constantemente expuestos a las “noticias” de los medios de masa, que se basan casi totalmente en mantenernos en un estado de miedo… que a su vez desencadena la respuesta del estrés.





La buena noticia es que hay muchas maneras demostradas de reducir el estrés y sus efectos. Tal vez lo más fácil sea tan sencillo como mantenerte alejado de personas y lugares que te resulten estresantes. Pon tu intención en estar atento a lo que te hace sentir nervioso o alterado (el tráfico, las aglomeraciones, las noticias negativas, la gente maleducada, etc.), y realiza un esfuerzo consciente por evitar estas cosas al máximo. Dicho esto, siempre habrá algunos momentos estresantes en tu vida, pero existen herramientas sencillas que te ayudarán a manejarlos con elegancia. El ejercicio regular es una excelente manera de reducir la respuesta al estrés del cuerpo. Cualquier cosa física que hagas con regularidad funcionará: el Yoga, Qi Gong, el gimnasio o pasear por la naturaleza – lo que encaje contigo y tu estilo de vida. Otra herramienta poderosa para soltar el estrés anclado en tu interior es la Técnica de Libertad Emocional (EFT por sus siglas en inglés). Este es uno de varios métodos de tapping (golpecitos) que nos ayudan a soltar los desencadenantes emocionales que llevamos encima por experiencias pasadas. Finalmente, y lo más importante de todo, está la meditación, una práctica poderosa que puedes incorporar con facilidad a tu vida diaria. Numerosos estudios han demostrado que la meditación es una forma excelente de reducir el estrés y mejorar tanto tu salud mental como física. Meditar durante apenas cinco minutos al día es suficiente para calmar la mente, relajar el cuerpo e invertir el proceso del estrés… y además es el camino hacia un nivel más profundo de paz y sabiduría interior. •