EDICIÓN: Abril - junio 2012

LA HISTORIA TRAS… EL RASTRILLO DE CALA LEÑA

Texto: Cat Weisweiller
Tanto gente que busca purgar su casa de objetos no deseados como quienes quieren hacerse con gangas frescas para el hogar llevan tiempo acudiendo los domingos al Rastrillo de Cala Leña. Así pues, a ibiCASA le encantó oír la alentadora historia de cómo surgió lo que ya se ha convertido en una aclamada tradición dominguera.



El mercadillo de Cala Leña fue idea de Theo Kopp quien, aunque alemán de origen, lleva más de 40 años viviendo en Ibiza. En 1974 era el Director de Espectáculos del primer complejo vacacional del noreste de la isla: el Club Cala Leña. Desde entonces, ha confabulado un sinfín de iniciativas hosteleras en la zona. Su relación con el hogar del mercadillo empezó allá por 1973, cuando conoció a Juanito, el dueño del restaurante y los terrenos circundantes. Se hicieron buenos amigos y colaboraron en muchísimas cosas, incluyendo la apertura de un minigolf y de una bolera en los terrenos del restaurante, o la creación de una zona exterior de barbacoa / música en vivo / discoteca, donde Theo se encargaba de su legendario programa de ocio. En 1980 crearon también ahí cerquita el café-pizzería familiar Sa Punta Verde. Sin embargo, con el paso del tiempo, tanto Juanito como Theo se fueron ocupando con proyectos ajenos a los restaurantes. Para el año 1981, la zona exterior del restaurante Cala Leña, tan lleno de vida anteriormente, cayó en desuso, cubierto de vegetación y “perdido”.


Por suerte, tan triste decadencia no sería indefinida. El destino llevó a Theo, Yanneth (su mujer desde 13 años atrás) y sus tres hijos (Luna, Jana y Kim) a Colombia en el 2009, e inspiró a Theo a cambiar el destino de Cala Leña. Ante la visión de Theo orgullosamente mostrando otra antigüedad más que acababa de comprar – un atril para betunes, vintage, mira tú qué cosas – su mujer no pudo evitar preguntarle por qué no abría una tienda de segunda mano. Para cuando volvieron a Ibiza, este comentario lanzado al aire era una semilla que creció para convertirse en algo mucho más ambicioso: un mercadillo de segunda mano. Theo se dirigió a su querido amigo desde hacía 36 años, Juanito, y le propuso la idea de devolver a la vida los exteriores del restaurante Cala Leña con este objetivo. Con tanto pasado compartido, y dado que Theo vive a tiro de piedra del restaurante (en la casa que se construyó en el terreno de Juanito en 1983), la elección era evidente. «Claro, ¿por qué no? Haz lo que quieras, ¡con tal de que lo pagues tú!» le contestó Juanito tranquilamente, pues en ese momento no tenía ni el presupuesto ni las ganas necesarias para embarcarse en algo tan atrevido.
Y así, tras 28 años de retiro forzoso, los exteriores del restaurante Cala Leña fueron sometidos a una renovación total. Otro viejo amigo de Theo, Olaf, trabajó sin descanso a su lado y sigue siendo hoy en día su brazo derecho en el rastrillo. En cosa de tres meses, y con la ayuda de unos cuantos amigos, transformaron el lugar, de un solar abandonado al extenso mercado que conocemos y que tanto apreciamos en la actualidad. No pudieron resistirse a la tentación de abrir el mismo día que recibieron su largamente esperado permiso – el 2 de Octubre del 2009 – con el nuevo bar al aire libre y la zona de recreo infantil ya listos, pero con tan solo dos puestos, que era lo que habían tenido tiempo de organizar. Ahora, suelen contar con más de 80 puestos y la lista de espera va creciendo – y el restaurante de Juanito está siempre hasta los topes.


Quienes tienen puestos aquí comparten una camaradería sin igual, intercambiando alegremente productos entre sí y cuidándose los puestos unos a otros. Mientras tanto, los visitantes se empapan del bullicioso ambiente, se hacen con gangas para el hogar y disfrutan de la música en vivo en el bar al aire libre, cuidadosamente seleccionada por Theo. Juntos, Theo y Olaf gestionan a los puesteros con su habitual encanto, mientras el formidable Juanito lidera a su equipo para servir una amplia variedad de comida a la carta, sorteando las filas de gente que esperan comprar un plato de paella para llevar. La boutique interior, que lleva Yanneth, está llena de la mercadería de Theo. Una mirada más detallada permite dar con su amado atril de betunes – aunque rápidamente señala que, «como recuerdo de cómo surgió el mercado, ¡este es el único artículo que jamás venderé!». Todos los visitantes están unidos por el conocimiento de que su apetito por la compra y venta de artículos antiguos o de segunda mano – ya que están estrictamente prohibidos los artículos nuevos – está haciendo mucho bien para reducir el consumismo y por tanto para proteger el medio ambiente.


Así fue cómo un comentario hecho de pasada ha resultado en una de las grandes historias de éxito de la isla y, a la vez, ha revivido un negocio que renqueaba. La popularidad de este mercado es fácil de comprender, dada la atmósfera acogedora y relajada que Theo y Juanito procuran mantener tanto para los puesteros como para los visitantes. Y la maravillosa historia tras su creación, de amistad duradera y resolución a prueba de todo, no hace sino aumentar su encanto. Así que, la próxima vez que sientas esa familiar punzada triste al pasar ante alguna propiedad ibicenca que ha visto tiempos mejores pero que ahora está abandonada, anímate, pues puede que un visionario como Theo esté a la vuelta de la esquina…