EDICIÓN: Diciembre - Febrero 2012

WILLIAM FULLJAMES: Un icono de Ibiza

Texto: Cat Weisweiller



Ha sido un honor para IbiCASA visitar el hogar y el estudio de William Fulljames – un aclamado artista que vive en la isla desde hace 40 años.
Nacido en Portsmouth en 1939, Bill se mudó con su familia a la isla de Wight cuando estalló la Segunda Guerra Mundial.  Después supo que, a pesar de los esfuerzos de su familia por encontrar cobijo seguro, una vez él mismo resultó catapultado por la ventana de una planta baja tras el impacto de una bomba que cayó en la finca que albergaba el negocio familiar: el Hotel Spithead. Afortunadamente, Bill salió ileso.

Bill vivió a lo largo de toda su infancia disfrutando del dibujo.  Con 17 años se lanzó a estudiar una carrera de diseño, escultura y talla en la Escuela de Arte de Portsmouth, y más adelante obtuvo un título de magisterio en la Escuela de Arte de Swansea. Bill considera a Sir Henry Moore, un prestigioso escultor británico, como una de sus mayores influencias tempranas.

Después de estudiar, Bill pasó muchos años felices viajando por Europa con su ex-mujer, Penny, y su primera hija, Pepita. Durante más de una década se desplazaron entre Alicante, Valencia, Grecia y Turquía, en una caravana que además les servía de galería de arte itinerante: “Viviendo una vida hippy, sin ser hippies”. En 1971 llegaron a Ibiza para asentarse aquí. El único vínculo anterior de Bill con Ibiza había sido como adolescente, cuando visitó la isla en un viaje escolar, en 1955. Se habían alojado entonces en San Antonio que, siendo un pintoresco pueblecito pesquero, “¡sólo tenía en oferta el submarinismo, el patinaje y las hierbas ibicencas!”.

Una vez ya residentes en Ibiza, y tras la llegada de su segunda hija, Micha, Bill continuó con su atareada rutina de crear y vender sus obras de arte. Así, con acceso a un taller fijo, su enfoque se apartó de la pintura para centrarse en sus mayores pasiones: el grabado en madera y la escultura, por lo que más se le conoce hoy en día. Ha exhibido su obra en todas las galerías principales de la península y de Ibiza, incluida Es Molí, que tenía una exposición permanente de sus piezas. Al ser la talla en madera una forma de arte tan especializada y que tanto tiempo requiere, Bill sigue siendo el único artista reconocido de su gremio en la isla. Expone con regularidad en la “Society of Wood Engravers“ de Inglaterra, de la cual es socio, y ha sido requerido para ilustrar incontables libros.



Durante mucho tiempo, compaginó sus iniciativas creativas con trabajos a tiempo parcial dando clase en la escuela internacional “Felicity’s School”, que más adelante se llamó Colegio Morna Valley.

Hoy en día, Bill y su perra Lily siguen acomodados en la casa y taller que él mismo construyó amorosamente entre 1982 y 1984. Situados sobre una colina cerca de Santa Gertrudis, y con unas vistas espectaculares tanto de la salida del sol como de la puesta, es comprensible que Bill no tenga prisa en marcharse de aquí, incluso después de 27 años. Aún puede encontrársele tomando un Gin&Tonic mientras honra a diario la hermosa visión que la puesta de sol ofrece desde el porche de su casa.

Su casa, su estudio y su jardín están llenos a rebosar de su obra: esculturas, relieves, dibujos y grabados extraídos de increíbles  minuciosas tallas en madera. Al no haberse duplicado nunca a máquina, cada una de las piezas es única. En su taller siempre hay alguna nueva escultura en marcha o alguna madera siendo tallada. Trabaja con modelos vivos y, aún hoy, disfruta sobre todo de recrear la forma humana o temáticas locales. Las pocas veces que Bill no está sumido en su arte, se le puede encontrar rasgueando su contrabajo, algo que dice no hacer muy bien, aunque muchos estarían en desacuerdo con esta opinión.


Acorde con el auténtico espíritu de Ibiza, a Bill le gusta mantener sus precios bajos y ofrecer una experiencia personalizada de compra. No hay nada que le guste más que la visita de un posible cliente a su estudio para echar una miradita tranquila a su trabajo, o visitar a sus clientes para realizar trabajos por encargo. Estampados con su familiar marca “WF”, su impresionante obra puede encontrarse en toda la isla. Sorprendentemente, uno puede convertirse en propietario de un William Fulljames por la módica suma de 12 €, o hasta 3.000 €, que es lo que cuesta su mayor escultura.

Sin duda, una de las formas más satisfactorias de comprar arte es una visita íntima al espacio creativo de un artista. ¿Y qué podría ser mejor que tener acceso privilegiado al lugar donde la pieza fue concebida y creada? Tal vez lo más llamativo de nuestra memorable visita a la casa de Bill fue su sorprendente humildad, teniendo en cuenta su talento y experiencia. Esta es una de las señas de identidad de muchos de los más celebrados artistas que aún quedan en Ibiza, de los cuales Bill sin duda es un merecido representante.
 
Para concertar una visita:
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