EDICIÓN: Diciembre - Febrero 2012

CO-CREA TU SALUD. Más allá del mito del ADN

Texto: Jerry Brownstein











Desde que Crick y Watson descubrieran la molécula del ADN en 1953, la ciencia convencional ha estado centrada en la idea de que todo lo que ocurre en nuestras vidas físicas está controlado por nuestros genes. Según esta teoría de determinismo genético, si tienes el gen de cierta enfermedad o condición, entonces es altamente probable que la desarrolles en algún momento de tu vida. Pero, ¿y si la verdad fuera otra? ¿Y si se pudiera demostrar que en realidad tenemos el poder de influir en las acciones de nuestros genes? Estos son los descubrimientos de una ciencia relativamente nueva, la epigenética, que significa de hecho “por encima de la genética”. Cada vez más se va demostrando que la forma en que se expresan nuestros genes en nuestros cuerpos no viene pre-determinada por nuestro ADN, sino que se controla y modifica según nuestras elecciones sobre nuestro estilo de vida y según nuestra percepción del mundo que nos rodea.



Cada célula de tu cuerpo tiene exactamente el mismo ADN en su núcleo, pero los genes de ese ADN no pueden hacer nada por sí solos – no son más que los planos o patrones para crear cambios en tu cuerpo. Lo que activa y controla estos patrones de los genes es el entorno que rodea a las células, así que si cambiamos el entorno, podemos cambiar la forma en que funciona nuestro cuerpo. Una forma importante de controlar ese entorno es comer comida sana y evitar las toxinas. Cuando lo haces, envías una señal química a tu ADN diciéndole que elija los patrones genéticos que promueven la salud y el bienestar. Así que modificar tu dieta y estilo de vida puede ayudar a gestionar cómo actúan tus genes, pero tal vez la mayor influencia sobre el comportamiento de tus genes venga de la forma en que percibes el mundo a tu alrededor.
 
Recuerda, el entorno que rodea a tus células es el que elige qué genes serán activados. Tu cerebro envía sustancias químicas a tu sangre para influenciar ese entorno (hormonas, péptidos, etc.), pero es tu percepción la que le indica a tu cerebro qué tipo de sustancias químicas debe liberar. Cuando sientes emociones positivas como alegría, gratitud y amor, tu cerebro recibe la orden de inundar tu sistema con endorfinas y otros componentes químicos beneficiosos. Estas “hormonas felices” viajan a través de la sangre a todas tus células, instruyendo a tu ADN a que active genes que fortalezcan tu sistema inmune y mantengan tu salud. Por contraste, cuando tu percepción causa que sientas estrés o miedo, el cerebro libera sustancias químicas de “pelea” o “huida”, como el cortisol y la adrenalina. Estos componentes químicos ordenan al ADN que elija genes que cierren tu cuerpo en banda y lo preparen para el peligro. Esto debilita tu sistema inmune y tiene un efecto dañino sobre las células, que llevará a problemas físicos y enfermedades. El Dr. Bruce Lipton, uno de los mayores expertos en epigenética, lo explica así:
 



Por tanto nuestras percepciones crean gran parte del entorno químico que activa nuestros genes, pero el tema no se acaba aquí. Las últimas investigaciones muestran que nuestras percepciones también crean una energía vibracional que juega un papel en el control de nuestro ADN. Cada emoción que sientes envía vibraciones por todo tu cuerpo, y estas vibraciones afectan a qué genes se activarán. Las emociones ligadas al estrés y el miedo activan genes que llevan a la enfermedad, mientras que las que se asocian con la felicidad y la paz promueven buena salud. Una vez más, se trata de tu percepción, reflejada en tus emociones, que crea las vibraciones que afectan al comportamiento de tus genes.
 
Hay indicios interesantes de cómo funciona esto, que se derivan de estudios científicos que han mostrado que nuestro ADN de hecho cambia de forma según cómo nos sintamos. Cuando sentimos emociones positivas como amor, paz y compasión, nuestro ADN responde relajándose y desenrollando sus dos hebras, lo que fortalece nuestro sistema inmune. Sin embargo, cuando tenemos sentimientos negativos como el miedo, el enfado o el odio, nuestro ADN se contrae y se tensa, debilitando así nuestro sistema inmune. Lo que es realmente alucinante es que estos efectos ocurren incluso cuando tu ADN es separado de tu cuerpo. En estos experimentos, se tomaron muestras de ADN de los sujetos bajo prueba y se llevaron a otro lugar a kilómetros de distancia. Los sujetos fueron expuestos a estímulos emocionales, y su ADN en el lugar lejano reaccionó de forma instantánea, abriéndose cuando las emociones fueron positivas y contrayéndose cuando fueron negativas. Estas vibraciones creadas por tus emociones son tan poderosas y están tan conectadas con tu ADN que lo hacen reaccionar incluso estando separado de tu cuerpo por una gran distancia. ¡Piensa en ello la próxima vez que te enfades!



 
Durante 50 años se nos ha llevado a pensar que somos meras víctimas impotentes que debemos aceptar sin chistar las cartas genéticas que nos han sido otorgadas, pero esos días se han acabado. El simple hecho de tener un gen relacionado con una enfermedad o condición no significa que vayamos a sufrir ese destino, ya que los genes por sí mismos no pueden iniciar los cambios en nuestros cuerpos. La epigenética nos ha empoderado con el conocimiento de que nuestros pensamientos y sentimientos, coloreados por nuestras percepciones, tienen una gran influencia sobre qué genes serán activados. Esto significa que somos los co-creadores de nuestra propia salud, con el poder de cambiar el comportamiento de nuestros genes simplemente transformando nuestras percepciones. Cada momento nos presenta la oportunidad de tomar decisiones conscientes que puedan dar forma a nuestra realidad física, y cuando elegimos llenar nuestros pensamientos y sentimientos con emociones positivas, nuestros cuerpos reaccionan con vibrante salud y vitalidad.