EDICIÓN: Octubre - Diciembre 2011

UNA INVERSIÓN INMOBILIARIA DIFERENTE

Texto: Cat Weisweiller









Una recesión como la actual provoca siempre, en quienes nos consideramos inversores cautelosos, sentimientos de escepticismo magullado. Afortunadamente, emergen sin cesar ideas nuevas para ayudar a remediar este estado comprensible de paranoia económica. A menudo lo que se requiere para restablecer el entusiasmo inversor de la gente es pensar un poquito “fuera de la caja”. ibiCASA analiza una de estas propuestas inversoras, recientemente llegada a Ibiza: la recién formada Dita Living.
 

 
Diederik van Maren, promotor inmobiliario durante 20 años y residente en Ibiza desde hace 6, se ha asociado con Michiel Lyppens y Maarten Mijnlieff para crear Dita Living. Entre los tres suman muchos años de éxitos en inversiones inmobiliarias, desarrollos e iniciativa empresarial innovadora. Su cartera de propiedades acumuladas y su visión de negocios son cuanto menos impresionantes. Las iniciativas profesionales de Diederik y Michiel se han concentrado sobre todo en España, Francia y Holanda, mientras que Maarten se ha centrado durante muchos años en el mercado alemán y del Extremo Oriente. Juntos, disfrutan de un alcance internacional poderoso.
 
El concepto que han introducido en Ibiza es sencillo: invitar a múltiples inversores privados a co-financiar la compra de terrenos y el desarrollo de urbanizaciones de lujo en ellos. La venta final de las propiedades multimillonarias que construirán de forma magistral con las inversiones restantes les permitirán devolver a todo el mundo su inversión inicial, junto con importantes beneficios añadidos.
 
No se trata de algo para quien tenga el músculo financiero débil, ya que la inversión inicial mínima es de 100.000 €, pero tal demostración de fe financiera permitirá unos beneficios anuales del 9% – una tasa de interés que supera con mucho las que ofrecen muchos otros planes de inversiones. Las cifras implicadas también se alejan bastante de las cantidades necesarias para aventurarse en inversiones inmobiliarias en solitario, en las que además sortear los permisos de construcción y subcontratas necesarias puede resultar agotador, por no hablar de los riesgos financieros personales añadidos que implican. Diederik y sus socios, que están bien familiarizados con los escollos y las frustraciones que supone el negocio de la construcción, tienen ganas de invitar a otras personas a beneficiarse de los años de experiencia que les avalan en este sector, ofreciendo esta propuesta única por primera vez.
 
Otro punto notable de este nuevo formato de inversión inmobiliaria colectiva es que no hay que implicar a los bancos. Todo el proceso está financiado únicamente por inversiones privadas. Esto quiere decir que los avales que normalmente se ofrecerían a un banco prestamista pueden en su lugar ser ofrecidos a los inversores. Debido a la creciente desconfianza del público hacia los bancos, cada vez es más popular la idea de saltarse al intermediario. Aparte de la inversión inmobiliaria compartida, esta forma de inversión privada colaborativa podría ser una puerta que permita muchos éxitos empresariales futuros en cualquier sector, sin importar lo ambiciosa o lo humilde que sea la iniciativa.
 
Cada día más, adaptarnos a una economía global cambiante, y al escepticismo que genera, implica buscar nuevas y dinámicas soluciones que atraviesen la apatía de la gente y nos permitan superar estos retos. Como ejemplo, el pensamiento creativo de Dita Living puede ser aplicado a todo tipo de negocios, sin importar su tamaño. ¿Por qué no pensar que tanto un restaurante de 5 estrellas como un puesto de hamburguesas podrían igualmente ser plenamente financiados con inversión privada externa? La clave es ofrecer a los inversores algo que les inspire y que les genere la confianza de que podrán recibir unos beneficios satisfactorios. Cuanto más ingenioso sea el plan de reparto de beneficios, mejor.
 
En el caso de Dita Living, otra cosa que les diferencia de la mayoría de los planes de inversión corrientes es la oportunidad de interactuar activamente con el proyecto en el que se está invirtiendo. Un inversor en potencia será invitado a visitar el terreno en el que les interesa invertir, y a ver los dibujos y diseños conceptuales de las casas de lujo que se construirán. Utilizando tecnología de diseño de última generación, los diseños estructurales que son el sello de Dita Living son majestuosos y a la vez tienen un estilo difícil de superar. Después de la inversión, habrá información en la web y en persona sobre el desarrollo. En Dita Living están capitalizando inteligentemente el hecho de que sentirse parte de un proceso creativo según se va desarrollando a menudo hace que la inversión en sí sea tanto más atractiva.
 
Dita Living confía en que los mercados holandés y alemán, en particular, están ansiosos por apuntarse a este tipo de acción inmobiliaria colaborativa, que tan popular ha demostrado ser ya en Holanda y Alemania. Ibiza – un paraíso inmobiliario europeo con sabor tropical – es, para Dita Living, el siguiente lugar perfecto para responder a esta creciente demanda.
 
Se ha planteado recientemente que Ibiza será el siguiente Saint Tropez. Parece que esto no se aleja mucho de la realidad. Háganse a un lado, mega-discotecas… porque las “mega-mansiones” multimillonarias son el futuro. Si sueñas con ser parte de la acción y con ser dueño de tal propiedad – aunque sea por un rato – esta podría ser tu oportunidad… mientras te aseguras por el camino un beneficio económico sin estrés. Quienes, sin embargo, no tengamos ahora mismo 100.000 € para invertir, podemos al menos aprender algo de Dita Living y empezar a aplicar este tipo de pensamiento puntero a nuestras propias iniciativas empresariales. •