EDICIÓN: Agosto - Octubre 2011

EL VALOR REAL DE IBIZA

Texto: Amanda Pi Cunningham


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Antiguamente las casas ibicencas tenían anchas paredes encaladas de hasta un metro de grosor, con pequeñas ventanas (incluso algunas sin ventanas) y fachadas orientadas hacia el Sur para captar los rayos del sol en invierno y fomentar la sombra en verano. Las ventanas eran más estrechas en la parte exterior que en la interior, imitando las antiguas fortalezas. El concepto de calefacción y protección bien arraigado en sus construcciones, mientras que hoy en día el dinero permite ampliar el tamaño de las ventanas, instalar calefacción central y un sistema de alarma, haciendo caso omiso a las consideraciones ambientales. Otro ejemplo sería la ventilación, que antaño se conseguía en base a un sistema natural egipcio y que la modernidad lo ha sustituido por el aire acondicionado.







Los tejados en la casa payesa son planos para recoger agua de lluvia y están hechos con tres capas de materiales autóctonos: una capa de madera de sabina, otra de cenizas y hojas del alga Posidonia oceánica (que actuaba como aislante) y una tercera y última capa de arcilla. En el interior, los techos usaban como soportes vigas de sabina, se construían a menudo arcos en los porches y se le daba un toque de color a las puertas y ventanas. En la actualidad los materiales de construcción son importados en su mayoría dando lugar a una dependencia del exterior total y absoluta.





El territorio y a su vez la vivienda, convertidos en valor de cambio, son para su propietario un bien de inversión que le proporciona unas rentas. La especulación financiera suplanta las intenciones prácticas y funcionales del pasado y la urbanización progresiva de las áreas rurales, pierden aceleradamente su carácter agrario. •