EDICIÓN: Junio - agosto 2011

LA MÚSICA DANCE TAMBIÉN ES SOLIDARIA

Texto: Cat Weisweiller



Justo en el momento en que el mundo de la noche probablemente necesite una mejora de imagen, aparece de forma oportuna una ONG fundada localmente llamada la Fundación “Last Night a DJ Saved My Life” (como la canción: “Anoche un DJ me salvó la vida”). Su razón de ser es sencilla y sin embargo profunda: “unir a la comunidad global de la música dance para recaudar fondos y elevar la conciencia por las causas medioambientales y humanitarias”. Al hacerlo, inspiran a la generación original de los clubs (desde 1987 en adelante) y a la más reciente hacia una conciencia global más elevada. Este mensaje de tan amplio alcance también se abre paso entre el escepticismo de la opinión pública, demostrando que un bien irrefutable puede surgir de la cultura de los clubs. Lo hace aprovechando la poderosa energía de un fenómeno global imposible de reprimir y convirtiéndola en una fuerza para el bien – mostrando un uso ejemplar de la conciencia de masas. Además de darle a la gente que ya se mueve en los círculos del dance una razón de ser más enfocada, esta iniciativa no puede más que servir para fortalecer la reputación de la comunidad del dance mundial.

 

Puedo remontarme bien lejos para explicar la “energía” de la que creo que habla la LNADJ. Como muchos, echo la vista atrás con nostalgia hacia mis tiempos de fiestas nocturnas, cuando las noches se alargaban en fines de semana que esperábamos no acabaran nunca... hasta que las cosas prácticas de la vida, como el sueño o el trabajo, se nos cruzaban en el camino. Eran tiempos en los que encuentros al azar se convertían en amistades duraderas, los podiums del mundo soportaban el peso de nuestro entusiasmo y en las pistas de baile, no importa lo llenas que estuvieran, aún cabían nuestros brazos elevados al cielo. Los primeros tiempos del Acid House (1988-89) me sumergen aún más en esta sentida rememoración: recuerdos esos benditos momentos cuando colas de coches se arremolinaban en caminos oscuros, esperando que llegaran noticias de la localización secreta de una “fiesta ilegal”. Los teléfonos móviles – ni existían, ni hacían falta. Hangares vacíos y almacenes abandonados, inyectados de nueva vida. Miles de personas que descaradamente desobedecíamos a las autoridades. Los Djs – nuestros guías espirituales. Láseres hipnóticos – dando forma a nuestra misma existencia. Extraños cruzando miradas, sonriendo, incluso abrazándose, en platónica admiración. Nuestra única preocupación: cuándo podríamos encontrarnos de nuevo en secreto. Sin uniformes. Sin discriminación. Todos unidos en una causa común: pasarlo bien y desinhibirse.

 

Al contrario de lo que creen muchos, esto no era, ni es, cuestión de drogas. Es verdad que el éxtasis ha podido jugar un rol importante a la hora de romper las barreras pero, hablando como alguien que nunca las tomó y a quien había que arrancar del podium al final de la noche, afirmo que la movida tenía mucho más fondo: una sensación de libertad; un encuentro de mentes; una atmósfera contagiosa de euforia y camaradería exacerbadas; música en constante evolución que nos elevaba el espíritu y nos movía el esqueleto; una energía palpable que llenaba el aire. Esta “energía” marcó los cimientos de mucho de lo que vendría después en el mundo del dance, sobre todo aquí en Ibiza.

 

Por aquel entonces, tal vez éramos demasiado jóvenes para entender lo que ahora entienden los organizadores de LNADJ. Con el beneficio de la experiencia y el deseo de guiar suavemente a la siguiente generación, LNADJ está tomando esta misma “energía” poderosa y elevándola a un uso aún mejor – servir al medioambiente y a las personas necesitadas. Esta vocación solidaria, tan evidente que resulta increíble que nunca antes haya sido llevada a la acción, le vino al residente en Ibiza y fundador de LNADJ, Jonny Lee, en 2010. Jonny, que ya había traído los eventos Earthrun y Earthdance a Ibiza bajo su productora “Follow Your Heart Productions”, sintió la responsabilidad de actuar en base a este profundo instinto de que la energía del dance tiene un objetivo múltiple que va más allá de sólo diversión. Sabía que este jolgorio multi-millonario podría ser guiado para devolver a cambio de lo recibido. Se unió a otro visionario, en la actualidad Jefe de Producción de LNADJ, Ian Kennedy, y su viaje en común les reforzó en el convencimiento de que están en el camino adecuado. Y así nació la Fundación Last Night a DJ Saved My Life (LNADJ), con un eslogan que dice: “Unidad, Comunidad y Diversión en Serio”.

 

Aparte de nacer con un nombre tan apropiado, la Fundación pronto recibió la colaboración nada más y nada menos que de la vocalista original de la canción que así se titula: Réjane Magloire (conocida como Zaza). Zaza, ahora embajadora de LNADJ, ha vuelto a grabar las letras de la canción para un re-lanzamiento a nivel global con esta entidad solidaria, para el 2012. El DJ Danny Rampling también ha sido uno de los miembros de la junta directiva desde los comienzos. Desde entonces, toda una retahíla de Djs famosos y de profesionales de la música, los medios y el marketing se han lanzado, ofreciendo generosamente su tiempo y habilidades para, sin ánimo de lucro, promover el mensaje positivo de la Fundación. DJ Ease (Nightmares on Wax), DJ Alfredo (We Love…Space), Bruce Parry (BBC ‘Tribe’), Stephen Russell (the Barefoot Doctor) y Andy Wilson (Sonica Radio) son algunos de sus apoyos en Ibiza, mientras que Norman Cook (Fatboy Slim) lo es en el Reino Unido.

 

Trabajan en estos momentos desde Brighton e Ibiza, y la misión de LNADJ es sencilla: se asocian con entidades y causas solidarias de corte medioambiental y humanitario, utilizando la marca internacional LNADJ (que representa la cara solidaria del mundo de la música dance y conecta con esta gigantesca comunidad de eventos y redes dentro y fuera de internet) para ayudarles a recaudar importantes fondos y aumentar la conciencia del público. A través de un cuidadoso proceso de selección de causas, LNADJ procura que todo el dinero recaudado vaya directamente a solucionar el problema y no se despilfarre por el camino. La visión creíble y sincera de la marca genera colaboraciones voluntariosas de todos los rincones del mundo del dance: lugares y eventos que ofrecen un porcentaje de la recaudación de la puerta o de las copas; discográficas que ofrecen premios como incentivos; o Djs que donan su caché. Han montado una plataforma online de recaudación de fondos muy especial: “DJ Dares” pronto animará a Djs de toda condición (desde los que pinchan en su salón hasta los más reconocidos) a que también monten sus propias campañas de recaudación bajo la bandera de LNADJ.

 

A día de hoy, LNADJ ha recaudado fondos para sus socios solidarios: “Survival International”, “Teenage Cancer Trust”, “Bottletop” e “Ibiza Preservation Fund”. También están recaudando fondos, junto con “Global Angels”, para las víctimas de Japón. Con la carrera que lleva ya la Fundación, las posibilidades son infinitas. Lo que es seguro es que no sólo se beneficiarán incontables causas solidarias a nivel global de esta ingeniosa forma de utilizar la conciencia combinada de mucha gente, sino que además LNADJ impulsará el espíritu y la credibilidad de la industria de la música dance. No se me ocurre un sitio mejor que Ibiza para ser la cuna de este emocionante movimiento, ni mejor momento: 24 años después, la cultura de club es más madura, más sabia y está lista para devolver algo por todo lo recibido.