EDICIÓN: Febrero - Abril 2011

CO-HABITAR

Texto: Jerry Brownstein
Una nueva forma de vivir






El mundo a nuestro alrededor está cambiando tan rápidamente que mucha gente siente cada vez menos conexión con las estructuras sociales tradicionales del gobierno, la familia y la religión. Muchas personas buscan nuevas fuentes de apoyo comunitario que reflejen más acertadamente sus valores en evolución. El concepto de la co-habitación está en perfecta sintonía con esta tendencia. En este estilo de vida alternativo, la gente se une para participar de forma activa en el diseño, la construcción y el funcionamiento de sus propios barrios. Cada residente que así co-habita es propietario independiente, pero ha tomado el compromiso consciente de promover la armonía en su comunidad a través de valores compartidos, asistencia mutua y amistad duradera.

 

La primera de estas “comunidades de vida” surgió en Dinamarca a finales de los años 60, pero hasta hace poco apenas se había extendido este concepto en el mundo occidental. Ahora parece que ha llegado el momento para esta idea, dado que el crecimiento de la co-habitación se ha acelerado enormemente en la última década, con cientos de nuevos proyectos iniciándose. La creación de un desarrollo nuevo de co-habitación comienza cuando un grupo central y entusiasta de residentes se lanzan a buscar el sitio ideal para la comunidad de sus sueños. El siguiente paso es trabajar junto con arquitectos y constructores para diseñar un plan maestro para el proyecto que respete y acentúe la belleza natural de la propiedad. Normalmente estos grupos tienen un alto nivel de conciencia medioambiental, por lo que se utilizan técnicas y materiales ecológicos en todo lo posible, y las casas se construyen con la idea de ofrecer una forma de vida sostenible y amigable con el medio ambiente.





En el corazón de toda comunidad de co-habitación se encuentra la Casa Común, con un gran comedor donde se ofrecen comidas en grupo optativas, una o dos veces por semana. Además, este espacio común incluirá normalmente una biblioteca, sala de ejercicio, zonas de juego para niños, habitaciones de invitados, un taller, lavandería y otras cosas que la comunidad pueda desear. El complejo entero es gestionado por los mismos residentes, quienes se reúnen con regularidad para resolver problemas y desarrollar políticas para la comunidad. También realizan gran parte del trabajo para mantener y administrar la propiedad, ya que cada propietario ofrece de forma voluntaria varias horas al mes de su tiempo para cumplir tareas comunitarias que sean adecuadas a su edad y capacidades. Trabajar juntos de tal forma por el bien común crea un vínculo de confianza entre los residentes y hace que surja una sensación de pertenencia a algo mayor que sí mismos.




Los vientos del cambio están soplando a través de todos los niveles de la sociedad, buscando alinearnos cada vez más con nuestros ideales más elevados. Aquellos que toman la decisión consciente de vivir en una comunidad que se basa en la cooperación considerada y la nobleza de valores son un reflejo de esta energía transformadora. El lema del movimiento de co-habitación expresa su rol en esta evolución de la consciencia con sencilla elocuencia:
 
“Para mejorar el Mundo – un barrio tras otro.”