EDICIÓN: Febrero - Abril 2011

¿QUÉ ES LA ILUMINACIÓN?

Texto: Dassana
La iluminación en el contexto de la evolución
 

La iluminación significa que un ser humano irradia la luz de la consciencia misma, la luz del Ser, libre de las dimensiones limitadas de la personalidad. Tal individuo es una ventana a la eternidad, un canal a través del cual la más elevada consciencia llega al mundo.
 
Si meditamos profundamente – llegando a un estado más allá del cuerpo, más allá de la mente, más allá del mundo, más allá del tiempo – podemos experimentar esta consciencia pura que es Ser ilimitado, sin formas. Nada existe en ese vacío impoluto, y sin embargo es la fuente de la cual emergió y continúa emergiendo todo el universo, incluyéndonos a ti y a mí. Esta experiencia es profundamente liberadora, porque en ese no-lugar descubrimos la parte más insondable de nuestro yo, del Yo absoluto, que nunca ha entrado en las corrientes del tiempo. En este estado de consciencia pura no hay conflictos que resolver, no hay pro-blemas que superar, ni objetivos que alcanzar. Se trata de una experiencia de suprema relajación y liberación.
 
La iluminación en su sentido tradicional supone descubrir la libertad incondicional a través del despertar a esta fuente de ser ilimitado. El yo eterno se convierte en la morada permanente. No se diferencia tanto del modelo religioso cristiano occidental, en el cual la salvación eterna se encuentra en un gozoso reino celestial más allá del mundo. Tanto en la sabiduría tradicional oriental como en la fe tradicional occidental, el objetivo supremo es un estado final – un estado trascendental de consciencia que promete liberarnos de este mundo.
 
Es importante entender que, en el momento en que florecieron estas grandes tradiciones, la gente tenía una comprensión diferente del mundo en que vivían. En Oriente, por ejemplo, creían que la historia se desarrolla de forma circular, repitiendo el mismo proceso eternamente. Para quienes se “iluminaban” en ese contexto, el camino a la liberación y la salvación pasaba por bajarse de la rueda de la reencarnación, para poder habitar por siempre en el gozo, la libertad y la paz eterna del reino sin formas, más allá del tiempo y el espacio.
 
Sin embargo, a lo largo de los últimos milenios hemos aprendido mucho sobre quiénes somos y sobre el cosmos en evolución del que surgimos. Una de las cosas más importantes que hemos descubierto es que el paso del tiempo no es cíclico, sino que se trata de un proceso de desarrollo lineal. Hace catorce mil millones de años, una tremenda energía estalló de la nada, y a lo largo del tiempo evolucionó de la luz, a la materia, a la vida. Y con la aparición de la vida, la consciencia entró en la dimensión del tiempo y de la forma. La vida y la cons-ciencia son una sola, y cuanto más compleja la forma de vida, mayor es su capacidad de consciencia. El fenómeno milagroso que se da en nosotros, los seres humanos, es que, debido a nuestro cerebro altamente evolucionado, tenemos la capacidad única de saber que sabemos. Con la percepción humana, la consciencia ha adquirido la capacidad de conocerse a sí misma y todo lo que existe en ella, incluyendo el proceso evolutivo completo del cual emergió esa misma capacidad.
 
Nuestra percepción, que puede reflexionar sobre sí misma, es sin duda la más elevada y más profunda expresión del “Big Bang”, y cuando empezamos a entender esto, cambia radicalmente nuestra comprensión del objetivo de la vida espiritual. La nueva comprensión de la evolución nos lleva al hecho de que el concepto mismo de iluminación debe ser puesto al día, para estar en consonancia con los descubrimientos científicos de hoy. Ya que el universo está evolucionando en el tiempo, para que seamos uno debemos unirnos con el proceso de evolución a nivel de nuestra consciencia. Esto implica que nosotros, seres humanos, nos hagamos co-creadores del siguiente paso en la evolución, la evolución de la consciencia. De hecho, una nueva definición de la iluminación debe expresar que, de ahora en adelante, nuestra participación consciente en el proceso evolutivo se ha convertido en algo literalmente esencial para el despliegue creativo de este cosmos. El poder, la energía y la inteligencia que crearon este universo dependen ahora de nosotros, seres humanos, como la expresión más elevada de la evolución. El hecho de ser un humano encarnado, ser tú y yo, se transforma milagrosamente en un evento sagrado. Es precisamente en este punto donde encontramos una nueva definición de la espiritualidad, lo que el conocido maestro espiritual Andrew Cohen define como “Iluminación Evolutiva”. Esta nueva espiritualidad se une a la realidad de nuestro atolladero humano y nuestro potencial en este momento particular. La espiritualidad evolutiva es la aventura que mayor reto presenta, porque no ofrece ninguna promesa de escapatoria. No hay paraíso, ni Nirvana.
 
Demasiados de entre nosotros albergamos la secreta esperanza de que algún día podremos descansar para siempre. Únicamente cuando estemos dispuestos a enfrentarnos a la enormidad del contexto evolutivo en el que vivimos, y sus profundamente transformativas consecuencias para cada uno de nosotros a nivel personal, empezaremos por fin a desarrollar una madurez espiritual genuina. Este mundo necesita con urgencia seres humanos maduros e iluminados que estén dispuestos a aceptar sin reservas la responsabilidad de participar en la creación del universo consciente.