EDICIÓN: Agosto - Octubre 2010

UN NUEVO AURA

Cat Weisweiller


Poco después de la muy anunciada reapertura del Aura – un restaurante / lounge bar en la “ruta nocturna” de la carretera de Sant Joan, al norte de Ibiza – nos disponemos a hacer una reflexión sobre la ya conocida lucha que supone superar con éxito los obstáculos a la hora de abrir un negocio en el despiadado mercado de la hostelería en Ibiza.

Hayden Trethewy, que lleva cinco años al frente de su local Aura, es el primero en reconocer que a pesar de toda la experiencia acumulada, nunca podría haberse imaginado lo difícil que le resultaría hacerse un hueco en la industria ibicenca del entretenimiento. El desafío al que ha tenido que enfrentarse, de manera inesperada, puede servir de advertencia para todo aquel que esté pensando en abrir un negocio en Ibiza. No obstante, su historia también de-muestra que con perseverancia y flexibilidad, se puede aprender de las lecciones recibidas y, finalmente, salir airoso del combate.

Hayden, de 35 años, conoció a la que es ahora su esposa Gypsy en Londres. A mediados de los años 90, fue ella quien le hizo descubrir Ibiza, su tierra. En 2001 tomaron la decisión de echar raíces en la isla blanca, donde más tarde nacería el hijo de ambos, Lucas. Tras algunos años dirigiendo “gastropubs” y bares de copas para gente VIP, incluyendo “Home Bar” en Londres, Hayden pasó a dirigir Manumission y Mao Rooms en la isla. En 2005, con la arrogancia que da la juventud y casi sin avales financieros, Hayden decidió ir por libre y se atrevió a abrir su propio local, Aura. Con toda la experiencia en hostelería que llevaba a sus espaldas, estaba más que seguro de que su empresa funcionaría, siendo Ibiza una isla tan pequeña.

Gypsy, Lucas y Hayden







Sin embargo, el tiempo pronto le enseñó que su nueva aventura no iba a resultar tan fácil como había esperado. Su éxito posterior sin duda se debe a que Hayden siempre ha sabido preocuparse por lo que necesitan los que aquí residen y se ha interesado por entender la cultura local y los matices sutiles de la vida insular. Además, se tomó como un reto personal vencer su dislexia para aprender a hablar español con fluidez. Pero también reconoce haber subestimado en gran medida el impacto de la naturaleza estacional de una tierra regida de manera tan drástica por el clima. Así, a la vez que los consentidos residentes extranjeros de la isla se deleitaban con su comida casera, las noches de cine y los caprichos nostálgicos como el “fish n’chips” para gourmets, cuando el sol empezaba a disminuir anunciando la llegada del invierno, también iba desapareciendo su principal clientela y fuente de ingresos, los turistas. Y ahí quedaba Aura acumulando polvo, mientras Hayden tenía que ir tapando los hoyos de su maltrecha cuenta bancaria durante el resto del año.

Con el tiempo, con fiestas veraniegas como “Dantz” empezó a despegar y aquello por suerte otorgó a Aura una increíble publicidad dentro y fuera de la isla, pero sobre todo le brindó a Hayden la oportunidad de tomar distancias y valorar humildemente qué había fallado hasta entonces. Al principio había empezado con un restaurante al estilo “gastropub”, y si bien el ambiente era fresco y animado y los precios razonablemente asequibles, había algo que no terminaba de funcionar.

El mismo Hayden admitió que había pasado por alto el poco interés que los platos tradicionales de la cocina británica podían tener para su clientela más importante, o sea, los turistas veraniegos que en realidad buscaban algo distinto. Para remediarlo, empezó a introducir cambios en 2008, sustituyendo la cocina de calidad por una variedad de tapas, aunque esta vez aquel éxito renovado se vio frustrado por el creciente número de clientes que ocupaban el espacio entre la cocina y la zona de las mesas. En la práctica, esta situación hacía que los camareros tuvieran serias dificultades para acceder al restaurante para servir los platos. Hayden no tardó en darse cuenta de que si quería sobrevivir en el implacable monopolio de la industria de entretenimiento del verano en Ibiza, Aura tenía que reinventarse por completo. Sólo entonces podría sacarle el mayor partido al restaurante y también al bar, explotando así al máximo los pocos meses de la temporada estival.

En 2009, cuatro años después de su primera apertura, Hayden se encontró frente a un dilema: o colgaba definitivamente su delantal de cocinero y reconocía su fracaso, o se atrevía a inventar un nuevo concepto de restaurante y bar nocturno, lo que supondría un homenaje a su largo y a veces tortuoso camino, a fuerza de intentarlo y equivocarse. Afortunadamente eligió la segunda opción. El siguiente paso fue rendirse ante la evidencia de que iba a necesitar un socio, alguien que invirtiera en el negocio pero que a la vez le guiara en los meses venideros. A pesar de ser una decisión a la que se resisten muchos empresarios, Hayden comprendió que era la única manera de capitalizar todos los esfuerzos que tendría que realizar de ahora en adelante. Hoy, la sociedad resultante ha demostrado que estaba en lo cierto, puesto que se ha convertido en el pilar que sostiene el nuevo Aura.

En un intento de separar el restaurante del jolgorio interior, Hayden ha transformado lo que antes era el parking en una lujosa terraza para cenar al aire libre. Entre coloridas buganvillas, el aroma de jazmín y el encanto de sentarse bajo los naranjos, el diseño del nuevo restaurante evoca toda la magia de la Ibiza rural. Sin dejar nada al azar, Hayden ha integrado esas joyas naturales en un ambiente futurista pero acogedor, un concepto que espera hará las delicias de sus comensales durante muchos años.





El menú está pensado con esmero y ahora fusiona platos típicos españoles con otros clásicos de la cocina internacional, servidos como tapas, lo que incita a compartir. La verdad, bien vale los 40 euros que cuesta por cabeza. Además de las barras principales ya existentes en el interior, se ha añadido un cocktail bar al aire libre, donde el conocido experto en combinados, Chris Edwards, ofrece una amplia gama de cócteles al más puro estilo de Tom Cruise. Dentro, el espíritu musical del Aura de siempre permanece vivo, y se sigue pudiendo entrar sin pagar entrada para disfrutar de los ritmos pinchados por los mejores DJ’s residentes, sin olvidar las ya tradicionales fiestas semanales.

Y para ponerle la guinda al pastel y crear una sinergia sin límites, John Beach, el hombre por el que Hayden – afirma bromeando – “abandonó Londres porque su reputación en las altas esferas del mundo de la restauración y el entretenimiento era demasiado impresionante como para competir con él”, ahora se ha unido al equipo de Aura como director de marketing. Ambos comparten la misma filosofía antielitista de tratar a todos sus clientes “como si de personas VIP se tratara”. Esta actitud está resurgiendo con fuerza en Ibiza y en el caso de Hayden no es más que un reflejo de sus años de observación ante las siempre cambiantes exigencias de la isla.

Texto: Cat Weisweiller
Fotos: www.gypsywestwood.com