EDICIÓN: Febrero - Abril 2010

LA EDAD NO ES MÁS QUE UN NÚMERO

Milan Hollister


Hace varios meses vi la película “Mamma Mia”, con Meryl Streep de protagonista, y, la verdad, quedé impresionada por su aspecto tan estupendo. Su interpretación me pareció impecable y además no parecía tener más de treinta “y pico”. Por supuesto que Meryl no es la única en aplazar el proceso de envejecimiento. Gracias a los adelantos de la cosmética, cualquiera puede estar fantástico (o fantásticamente horripilante). Hacerse un lifting es tan fácil como solicitar una tarjeta de crédito (y en muchos casos, con tipos de interés y cuotas de pago más interesantes). Sin embargo, como mujer que defiende el mantra personal de “Por muy mal que me vaya en la vida, SIEMPRE hay tiempo para un tratamiento facial,” he descubierto algo más acerca de cómo las personas enfocan el envejecimiento y la salud.

Es cierto que hay mujeres que utilizan la cosmética para reducir, camuflar, estirar y aumentar algo. Creo que leí en alguna página de internet que el año pasado la industria relacionada con la cirugía estética generó 12 mil millones de dólares. Está claro que hay un gran número de gente que opta por resolver este tema acudiendo a un cirujano. Pero también estamos los que enfocamos el envejecimiento de otra manera y disfrutamos de unos tratamientos de belleza menos invasivos (y según creo, igual de eficaces), como beber agua, comer bien, controlar el estrés, pensar en positivo, meditar y gozar de la vida.

Hay que reconocerlo, el envejecimiento tiene su componente genético. La cuestión es que ahora la gente no se rinde ante la falta de salud, la avanzada edad o la predisposición genética. En los últimos diez años, he visto cómo la gente va tomando las riendas de su propia salud y bienestar. Muchos de nosotros ya no cree-mos a pies juntillas todo lo que nos dice el médico. Buscamos una “segunda opinión” en la red o consultamos a algún profesional de medicina alternativa. Las personas están encontrando diferentes maneras de afrontar los desafíos que les plantea su salud. Son muchos los que están más concienciados a la hora de alimentarse, utilizar productos para el cuidado de la piel y mejorar su estilo de vida.












Todas las opciones y tratamientos que están a nuestro alcance para mantenernos en la flor de la vida contribuyen a forjar esta nueva actitud frente al envejecimiento. Pero creo que la clave del asunto está en la pregunta que me hicieron hace poco: “¿Qué edad tendrías si no supieras la edad que tienes?” Esta frase pone de relieve la idea de que nuestros pensamientos sobre el hecho de envejecer están entre los factores determinantes que más influyen en el proceso fisiológico del organismo. Gracias a la ciencia y a la física cuántica, cada vez más descubrimos que los pensamientos, los patrones de las ondas cerebrales y las conexiones neurosinápticas son factores que contribuyen de manera significativa a nuestro bienestar y a nuestra salud en general.

No hace mucho, algunas mujeres pensaban que una vez cumplidos los cincuenta sólo cabía llorar el pasado y hacer recuento de una larga lista de asuntos pendientes, mientras se resignaban a su “destino”. Esa mentalidad está claramente en vías de extinción, puesto que las mujeres de hoy en día son más activas y vibrantes, y están más pendientes de su salud. En general, estamos adoptando una filosofía más cercana a las creencias orientales en cuanto al concepto de “viejo”. La edad se convierte en sinónimo de sabiduría y belleza. La consecuencia de esto es que cada vez más mujeres de 40 y 50 “y pico” salen a la calle como fuertes contendientes en las arenas del amor, el mundo laboral o incluso en las aulas. En lugar de convertirse en viejas urracas, algunas mujeres se convierten en juguetonas tigresas. Está desapareciendo el viejo y negativo estigma de la mujer que sale con hombres más jóvenes, ni está ya bien visto que los hombres sean los únicos “en divertirse”.







Todas estas mujeres estupendas de entre 40 y 50 años (o más) tienen en común una cierta actitud frente al envejecimiento. Parece que muchas mujeres se están dando cuenta de que darle demasiada importancia al hecho de envejecer se convierte no sólo en algo inútil, sino dañino. La edad no es más que un número. Pero no tiene por qué definirnos, ni tiene por qué ser nuestra tarjeta de visita, una sentencia de condena o la cuenta atrás de nuestras últimas horas. Cada uno de nosotros somos tan jóvenes como queramos serlo. Y por lo que puedo observar, lo que posee-mos dentro es lo que irradiamos por fuera. Paz interior, felicidad, confianza en sí mismas y entrega al destino, eso es lo que vemos en los rostros de las mujeres verdaderamente bellas. Ahí es cuando la gente empieza a mirarnos y a no ver las arrugas, sino un inexplicable resplandor que no se puede conseguir ni con cirugía, ni con cremas faciales con partículas de oro de 24 kilates y extracto de placenta. Hace años que Mark Twain resolvió la cuestión al decir: “En esto de la edad, la mente está por encima de la materia. Si no le das importancia, es que tampoco la tiene.”





Texto: Milan Hollister