EDICIÓN: Diciembre - Febrero 2011

EL SALUDO AL SOL según Danielle Moro

Texto: Jordi Canut Martín
Danielle se inició verdaderamente en el Hatha-yoga cuando conoció a un maestro indio de Rishikesh en Francia, que impartía sus enseñanzas en el ashram Shivananda, cuyo nombre rinde homenaje al célebre gran maestro – y a su vez discípulo de Sri Ramakrishna – venerado por tantos y fallecido en 1934. Durante su estancia, aquel invitado de honor fue corrigiendo las posturas de Danielle y la ayudó a profundizar sus conocimientos, hasta tal punto que transcurridos unos años ella decidió cambiar radicalmente de vida y se trasladó a Ibiza sola junto a su hija de ocho años.





Corría el año 1970 y Danielle necesitaba reestructurar su escala de valores. Empezar de cero en una isla paradisíaca y tranquila le pareció la mejor opción, por lo que alquiló una casita payesa sin agua ni electricidad, apuntó a su hija en la escuela y se dedicó a llevar una vida sencilla y bastante contemplativa, lo que le permitió por fin poner en práctica lo aprendido hasta entonces acerca del Hatha-yoga. Aquellos años de soledad contribuyeron a confirmar su verdadera vocación, pero también a vislumbrar sus carencias. Para terminar de convencerse, necesitaba conocer la cuna del yoga, por lo que en 1975 no dudó en preparar la maleta y hacer un primer viaje a la India que se revelaría iniciático. Su destino, el ashram de Shivananda, y de ahí al Yoga Niketan, donde despojada de todos los lastres materiales descubrió de verdad el bienestar espiritual sublime que le proporcionaba el yoga. En cuanto tenía un rato libre y acompañada siempre por algún guía nepalí, Danielle disfrutaba conociendo a yoguis ermitaños. En una ocasión, aconsejada por unos conocidos cruzó el Ganges para conocer al swami Vishwabakta, que vivía al pie del Himalaya. Un primer encuentro no muy agradable ya que él no la quiso recibir, pero al cabo de dos semanas volvieron a verse y a raíz de aquella segunda visita y siempre que podía, Danielle acudía junto a él a meditar. En aquellas sesiones Vishwabakta le enseñó a practicar el Pranayama, es decir, los ejercicios respiratorios del yoga que conducen al control y la concentración del prana o energía vital en el organismo. Antes de regresar a Europa, quiso conocer a otro gran maestro, Sri D. Bramadchari, quien le enseñó conocimientos aún más ancestrales que los del Hatha-yoga, complementando así su aprendizaje. Con tal bagaje empezaba a sentirse más segura de sí misma.





Ya en Ibiza se puso a dar clases de yoga en diversos lugares de la isla y empezó a conocer a más gente sin renunciar, eso sí, a la vida sencilla que ella había escogido libremente. En los años siguientes viajó periódicamente a la India para seguir aprendiendo y en 1982 visitó el “hospital-monasterio” de Lonavla, un centro terapéutico donde tuvo a su disposición la mayor concentración de escritos sobre yoga que jamás hubiera visto. Aquellas circunstancias favorecieron un retiro que duró tres meses y a lo largo de los cuales Danielle se dedicó a la lectura, la práctica del Hatha-yoga en solitario y la purificación de su cuerpo.


 


Después de tantos años de dedicación, tiene claro que lo que le interesa es seguir compartiendo lo aprendido, porque para ella enseñar es como una manera más de meditar. Danielle acaba de publicar “Surya-Namaskara - El Saludo al Sol”, un manual práctico y conciso que pretende, siempre con humildad, orientar a los practicantes de yoga sobre la manera más prudente y segura de realizar la serie de 12 posturas que componen el “saludo al sol”. Ante todo hay que respetar la respiración, y tratándose de una técnica muy precisa es imprescindible no forzar posturas. Para esta experimentada yogui es muy importante ser honesta y advertir de los peligros que puede conllevar la práctica poco rigurosa del yoga. “Surya-Namaskara” es su primer libro, pero quizás sólo el inicio de un proyecto pedagógico mucho más ambicioso en el que Danielle pueda plasmar toda su experiencia y filosofía de vida.